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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2005.

05/09/2005

Ultima mirada en una habitación

habi.jpgEn la habitación reina una luminosidad amarillo tierno, ahora que el sol se está escondiendo. Pedro, de pié enfrente de la ventana, fuma en silencio. A lo lejos él puede ver la línea azur del mar. Y así, de perfil, todo su cuerpo como reposado y tranquilo, yo lo miro desde un rincón de la cama, esta cama ancha y blanca y suave.

Alomejor ya no nos volveremos a ver nunca más. ¿Y acaso esto tiene mucha importancia?

En esta cama, pienso acariciando la sabana, en esta cama ya no volveré a estirar mi largo cuerpo. Cuantas camas, antes de llegar hasta aquí. Y cuantas otras, recordándola.

Parece un cuerpo parado en el tiempo, el cuerpo de Pedro. Tiene un brazo apoyado sobre el gran ventanal y su mirada me la imagino clara y sonriente. Me la imagino bañada por estrellas. Me la imagino buena y directa.

- Aquí enfrente, dice, vive un viejo solitario. Cada mañana sale y se queda largo rato sentado sobre una silla de mimbre mirando en el vacío. Uno de estos días, ya no habrán ni viejo ni silla de mimbre. Vendrán otros locatarios, seguramente mas jóvenes. Todo es cambio, amiga.

Es la primera vez que Pedro me llama así. ¿Cómo haré para no olvidar la tonalidad de su voz al pronunciar esta palabra que solo tiene sentido para mí? Amiga: mi juguetona, mi loca, mi cómplice, mi hermana.

Inescrutable perfil de Pedro... Su cuerpo es un misterio, sus formas y recodos son como caminos en un bosque y a cada vez es un nuevo camino que emprendo con él, un camino libre y salvaje. Cambio, cambio. Cierro los ojos y murmuro esta palabra como si fuese un caramelo en mi boca. Cambio...

Como la luz o el aire. O como las estaciones, como este balcón dónde un viejo ya no sabe dónde reposar su mirada, como mi proprio cuerpo, y hasta como mi pobre corazón. Todo inestable, en movimiento.

El brazo de Pedro sobre el cristal. La ciudad va oscureciéndose con tranquilidad, a ritmo de tortuga. Del amarillo, ahora estamos bañados por un tenue resplandor ocre. Los hombros de Pedro son como de oro, pero la luz parece venir desde el interior de su cuerpo, atravesando vísceras y músculos, atravesando esta piel suave que hace poco acariciaron mis manos.

Una cama que tambien es cambio, a cada vez.

- Una tarde, dice Pedro, paseándome en aquel bosque me encontré a un pájaro herido. Había caído de un árbol por el calor sofocante y yacía sobre la tierra, cansado y desesperado, una de sus alas abiertas. Lo cogí entre mis manos y estuve largo rato sintiendo su corazón palpitar...

Un ultimo rayo de sol aflora a lo lejos, iluminando el parqué bajo los pies de Pedro. Serpiente brillante este ultimo rayo atravesando la atmósfera hasta llegar hasta aquí, en esta habitación.

- Hay veces que desearía sentir el palpitar de la gente de esta manera, corazón contra corazón. Y es tan difícil... tan difícil. Pero, ¿sabes? no dudo que lo consiga, en ciertas ocasiones.

Pedro sigue solitario mirando la ciudad a través del cristal. Es una ciudad muy grande y Pedro la conoce bien. Es más grande y peligrosa que un bosque encantado, más dura, más intransigente. De repente me inunda una gran alegría al pensar en Pedro en medio de esta metrópolis, buscador del contacto esencial. Que felicidad saber que Pedro existirá aunque yo me vaya lejos, lejos. Aunque yo me vaya y ya no lo vuelva a ver nunca más. Aunque otra mujer, quizas, contemple este cuerpo mirando la línea de un horizonte infinito y azul.

Apenas ocre, ahora. El paso de tortuga nos regala una oscuridad casi lila. Podría encender una vela, de estas que huelen a lavanda, pero me quedo quieta sobre la cama escuchando acercarse el silencio de la noche.

Escuchando: Bernard Herrmann, Taxi Driver
05/09/2005 21:50 Enlace permanente. Hay 6 comentarios.

10/09/2005

Adiós, Hotel

patufo.jpgLaika, he ido a despedirme del Hotel.

El Hotel, mi hotel, el hotel de mi trabajo. Un lugar especial, sin lugar a duda. Un lugar mío, extraño y querido. Un lugar que nunca olvidaré...

He ido en silencio a separarme de él, lentamente y con cariño. He ido a decirle un adiós tierno como si fuese un gran amigo.

Adiós, Hotel de la calle Aragón, que cada mañana me has abierto tus puertas cual dos brazos fuertes. Y en ti he entrado como en mi segundo hogar, mi segunda vida, de pleno, intensamente y con respeto a lo que me ofrecías: trabajo, compañerismo y seguridad.

Adiós a tus paredes suaves y limpias, rectas, perfectas, laberinto de habitaciones y de mundos misteriosos.

A tus pasillos silenciosos dónde he llorado, reído, soñado, reflexionado, meditado.

Un fuerte adiós a tus habitaciones dónde mi cuerpo se introducía en ellas con energía y alegría, con fuerza y vitalidad. En ellas he limpiado, puesto orden, hecho camas de amantes, camas de solitarios, de niños, de ancianos, de mujeres tristes, de hombres misteriosos, de jóvenes pesados y mal educados... Espacios que todos ellos llevaban, llenaban y que luego no dejaban, al irse. Habitaciones dónde en ellas he crecido, a mi manera, y cada gesto era un gesto que se hacia con respeto y humildad, a veces con compasión. Habitaciones que me han enseñado a ser una buena camarera de piso. Y en las cuales nunca sentí la rutina. Y cuanto agradezco esto, justamente, el que nunca me aburriese, en tus habitaciones, querido Hotel...

Adiós a tu movimiento interno, crepitante, a veces delirante. A tu ir y venir de desconocidos, pasantes, extranjeros que llegaban extenuados y que yo sabia reposarían en tus camas como en los brazos de una amiga. Estas camas que mis manos habían hecho con amor y simplicidad.

Adiós, adiós amigo de piedra y de madera, de ascensores que siempre se estropeaban, de directores que siempre rabiaban, de clientes que a veces sonreían. Adiós a tus olores y a tus colores que tomaban tonalidades según el día, según mi día.

Adiós a una Lydia que se sorprendió al ver que en ti, Hotel, se podía ser feliz, se podía ser una misma, se podía crecer y madurar.

Adios, sobre todo, a tus otras camareras de piso que me han acompañado en mi interna ruta, en altos y bajos y que hacían de ti, Hotel de mi vida, un lugar precioso y amado.

Adios, amigo, simple hotel de tres estrellas de una gran ciudad.

Escuchando, con placer, How Insensitive del magnifico Henry Butler
10/09/2005 13:14 Enlace permanente. Hay 13 comentarios.


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