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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2004. 07/10/2004Los niños Laika, estos niños... Sólo querían caramelos. Me los imagino, sus manitas buscando y pidiendo, sus sonrisas soleadas, sus ojos brillantes... Con lo rico que son los caramelos, con lo buenos que son los niños...Míralos jugar y saltar. Que color de pelo tan brillante, como algas oscuras. Y estos ojos dónde la luna se viste de negro y blanco. Son niños, simplemente niños. Saltan y bailan y les gusta jugar y soñar. Ríen cual pájaros salvajes. Son los niños del tercer mundo. O del cuarto y hasta del quinto mundo. ¿Laika, acaso no te gustaría jugar con ellos? No piden nada más que un poco de atención. Están contentos y son simples. Son niños. Son las raíces de la tierra, sobre todo ellos, son sus hijos. Su futuro roble. Su descendencia... Y mira como los tratamos. Mira como los matamos. Como los hacemos morir de hambre, de sed... Viven en la miseria más grande y abyecta y soportan las guerras que construimos y programamos. ¿Como es posible que los tratemos de esta manera? En momentos así, cuando mi mirada vitriólica ve la realidad tal como es la realidad, hago el ejercicio de fijar mi atención en cosas cercanas que calman, gestos cotidianos para transformarlos en una especie de lucha interior contra lo que la barbarie quiere producir en mí, una capacidad insuperable de veneno. Ya que este es el objetivo de la barbarie. Y no quiero, no quiero... Entonces, para mí, es un gran reto seguir viendo la belleza en las pequeñas acciones. Y además con conciencia y con una presencia que haga de mí una persona libre, alegre y buena. Si, Laika, es un gran reto y es muy difícil. Ven, ven Laika. Hoy prepararé un té como lo preparaban mis amigos los senegaleses. Prepararé el té para calmarme y sentirme bien. Para dejar de lado la mente y transformarme en solamente gesto. En gesto calmante y gesto presente. Esta tetera que ves es de azul de mar y es lo único que cuenta en este momento. Es una buena tetera maciza, de cobre su materia, resistente. Es una tetera que quiero mucho porqué me recuerda un momento importante de mi vida, un invierno en Africa dónde aprendí a ser una persona responsable. Si, fui muy feliz y en parte por la constante presencia de los niños que siempre, siempre venían a mirar como una blanca preparaba el té. ¡Y como sonreían los niños! Sin malicia y con cariño y ternura, ya que preparar el té no es tarea fácil y se necesita mucha, mucha paciencia. Ellos miraban y sonreían. Y el té se hacia gracias a ellos que acompañaban mis gestos con palabras dulces y buenas, con una presencia suave, uno alimentando el fuego, otro aconsejando sobre la cantidad de té o de azúcar que se tenia que poner, y como había que verter el agua y luego empezar todo el proceso de nuevo... Y sonreían, si... Laika, nunca he visto sonrisas como aquellas. Eran tristes y alegres a la vez, estaban llenas de compasión, de entendimiento. No pedían nada, solamente otra sonrisa. Y así aprendí a hacer el té, sonriendo. A veces una mano oscura y suave rozaba mis dedos torpes como para calmarme y guiarme. Mi corazón latía fuerte y me sentía feliz, feliz. Y siempre había té para todos, adultos y niños. Y el té era bueno, buenisimo. Era un té lleno de comprensión y de alegría. Y durante todo el rato yo había olvidado quien era, de donde venia, había olvidado el color de mi piel, mi cultura, mi vida. Había hecho un té, con una tetera de color azul, con una tetera maciza y fuerte como el lazo que me unía a ellos, aquellos niños que eran niños y sonreían. ¿No hueles, Laika? ¡Que bueno está este té! Y lo vamos a tomar recordando un momento mágico en mi vida y lo tomaremos en honor a estos niños que han muerto por ser niños y querer caramelos en un mundo que odia a los niños. Y tú y yo después saldremos como nuevas, desalteradas y fuertes para afrontar un nuevo día. 07/10/2004 11:39 Enlace permanente. Hay 10 comentarios. 10/10/2004Mujeres Laika, me gustaría saber por qué están matando a mis hermanas. Por que cada día nos dicen que acaban de asesinar a una mujer.¿Qué esta pasando? Hermana, compañera, amiga que no conozco... El silencio de vuestra muerte, tan gratuita y tan brutal, es como un relámpago de fuego en el aire. Ninguna justificación para explicar que de repente ya no estéis aquí, que vuestra vida es de repente este cuerpo sin vida. Os han matado. Un hombre, con su furia y su rabia y su miedo, os ha quitado la vida. Y no hay explicación. ¿O si? No sé, no sé... En la calle, contigo Laika, camino y mi mirada acaricia estas mis compañeras. Cada mujer es un misterio, un mundo. Cuantas mujeres me rodean con sus vidas llenas de silencio e incógnitas. Madres, secretarias, azafatas, maestras, vendedoras, todas van y vienen. Y cada día una de ellas ya no está. Y el silencio de esta ausencia es como un golpe de puño en mi mente. ¡Mujeres! tengo ganas de chillar. Hace poco vi en una portada de una revista británica 12 fotos de mujeres. Cada una era diferente de la otra en cuanto a su categoría social, su edad, su profesión. Y sin embargo todas tenían algo en común. Todas habían sido asesinadas por sus compañeros. Apuñaladas, estranguladas, torturadas, apaleadas... ¿Qué es lo que está pasando? ¡Mujeres! tengo ganas de chillar ante vuestro silencio. Este silencio que es como una venda que hace de nosotras unas ciegas. Y unas mudas. Y unas sordas. Ninguna ley podrá salvarnos si no nos salvamos nosotras ante y sobre todo. Ningún político ni ningún policía podrá impedir que un hombre mate a una mujer si no nos responsabilizamos de nuestra propia vida ante y sobre todo. Y todas vamos andando como si no pasase nada. Como si una mujer asesinada no fuese importante. Como si esta historia no fuese nuestra historia. Ah, pensamos. Otra pelea que ha acabado mal. Pero no es esto, Laika. Cuando matan a una mujer, cuando un hombre asesina a la madre de sus hijos, es un acto en contra de todas las madres, de todas las mujeres, de todos los hijos de la tierra, de todos los hombres... Es un acto en contra de la vida. No hay ninguna acción sin consecuencias. Todo acto tiene sus repercusiones y sobre todo el acto de matar, asesinar. Ninguna ley no podrá impedir a un hombre matar a su compañera si esta no es capaz de chillar con toda su fuerza vital ¡NO! Empecemos pues, ante y sobre todo, a decir no. No, no quiero. No, esto no lo acepto. No y no. No, no quiero vivir con un hombre que es violento. No, no, no a la primera bofetada, al primer chillido, a la primera humillación. No a la tortura psicológica, no a los abusos mentales y sexuales. Digo no. ¡Es no! Y con este no bien integrado y bien vivido, decir no al sexismo. No a la pornografía que muestra a mujeres sumisas, no a la guerra, no a la violencia. Y este no rotundo tiene que venir no solamente de nosotras, mujeres. Pero de todos. De nuestros hijos e hijas, a los que habremos enseñado a decir no, de nuestros compañeros para que ellos tambien sepan que hay que decir no. De nuestros trabajadores sociales, de nuestros políticos. No, no quiero de este mundo dónde la vida de una mujer no vale un duro. Ni aquí ni en ningún lugar del planeta. No al político que sólo sabe hablar. No al maestro que sólo sabe enseñar el discurso del patriarcado. No a los mensajes que muestran que solo somos objetos sin inteligencia. Que somos víctimas. Si Laika, es difícil decir no. Pero hay que decir no hasta que este no se transforme en un SI. 10/10/2004 10:51 Enlace permanente. Hay 15 comentarios. 19/10/2004Detrás de mis ojos Laika, me siento muy cosy, hoy. Ya sabes, muy perezosa, muy mimosa. Sólo quiero cerrar los ojos. No quiero hacer nada... Cerrar los ojos, dejarme llevar por este pulso interior, suave y lento. Afuera puede llover, tronar, puede pasar lo que sea, no me toca... no me importa. Me deja completamente indiferente lo que pasa en el mundo, me es igual. El mundo, hoy, es esta habitación azul. Solamente cuenta este mi cuerpo como medio adormecido, tranquilo debajo de las sabanas y del edredón. Tú, de un lado, y Salem del otro. Y sobre la mesilla una taza con miel y limón. Y libros para acompañarme, dos de Colette, una novela policial de Joseph Wambaugh, Montaigne. Ya está. Pero más que leer lo que quiero, necesito, es cerrar los ojos. A veces Laika, no es el cuerpo el que pide reposo sino el alma. Hoy me siento así, que no quiero hacer nada, ni moverme ni levantarme ni nada de nada. Solo cierro los ojos... Cuando cierro los ojos entro en un espacio como fuera de tiempo. Reina un silencio espeso y reconfortante. Y aquí, detrás de mis ojos cerrados, tengo la impresión que afuera hace mucho frío, que está nevando, que está haciendo una tempestad de nieve y de hielo. Y yo estoy aquí, recogida, abrigada, protegida. Debajo del edredón es como estar dentro de una cueva. Me gustaría, aunque fuese un rato, volver a ser una niña. Y de repente pienso en mi padre, que murió una mañana de invierno quitando nieve. Lo recuerdo súbitamente con mucha ternura. Lo recuerdo sin enfado, sin rabia, sin pena. Lo recuerdo como lo veía, de niña. Era un gran hombre, un hombre fuerte, era la fuerza y la valentía. Era el que luchaba para que todo fuese bien, el caballero, la virilidad. Era mi padre. Admiraba su voz, su porte, sus manos que hacían caballos de madera. Nada podía pasar en su presencia, nada malo. ¿Por qué estaré recordando a mi padre? Han pasado varios años desde su muerte, tantos años sin oír su voz, sin oler este aroma a madera que era típico de él, sin ver su cuerpo fuerte y energético. Y hoy, debajo de las sabanas, detrás de mis ojos, lo vuelvo a ver y me siento toda emocionada. Mi padre me está sonriendo. Y sus ojos negros brillan mucho. Es curioso con esto de los padres, Laika. Creo que las hijas no tendríamos problemas con ellos si no fuese por las madres. Yo sé que empecé a separarme de mi padre cuando tomé conciencia del odio que mi madre sentía hacia él. Y es muy triste que ocurra esto. Las hijas adoramos a nuestros padres. Nuestros padres son el mundo exterior, la aventura, el aire fresco, la montaña que hay que descubrir, el misterio, la independencia. Los padres, nuestros padres, son el lado masculino que quiere expresarse en nosotras, quiere salir de la prisión y bailar y crear... Pero las madres, que odian a los padres (y muchas veces, en la mayoría de los casos Laika, este odio no se admite como odio, pero las niñas pequeñas, que son sabias, lo ven todo tan claro...), las madres no dejan a sus niñas ser espejo del padre. Y aquí, aquí mismo en esta negación, empieza la separación entre el hombre y la mujer. Aquí yace la dualidad, aquí nace el miedo, la inseguridad. La división entre el hombre y la mujer. Debajo del edredón, en esta cueva tan recogida y tierna, de repente veo a mi padre con mis ojos de hoy, con mi mirada detrás de mis ojos, esta mirada que hoy, sin querer, he abierto para verlo. Como me gustaría pedirle perdón por todo el desprecio que en casa, las tres mujeres, sentíamos por él. Porque era un hombre y porqué mi madre nunca quiso a los hombres. Ah, Laika... es todo muy complicado, más de lo que parece. ¿Sabes? Dame un beso, aquí, en la mejilla. Si... Así, simplemente. No pido mucho, hoy. No necesito mucho más. Y ahora voy a dormir tranquila y en paz. 19/10/2004 22:50 Enlace permanente. Hay 13 comentarios. 25/10/2004Detective Story I don´t want to see you ever again. I wish they´d hanged you ten years ago. I wish you were dead.P. D. James Laika, a veces son palabras así de fuertes las que se dicen en las novelas policiales. A veces peores que estas, o más simples. Pero siempre hablan, estas palabras, de algo que yace como en el fondo de un pozo, muy en la oscuridad, que hablan de lo no-dicho, de lo impensable, del horror y del terror que habita el lado más oscuro del corazón humano. Sabes Laika, cuando leo una buena novela negra me transformo en una especie de detective. Busco. Soy como una perra que huele por aquí y por allá, rastreando, indagando, sin parar e incansable, la curiosidad en alerta como una antena que vibra y dirige mis pasos dentro de un libro que es como un bosque misterioso y encantado. Un bosque con seres que tienen apariencia de ogros o monstruos, un bosque con trampas y peligros. Un bosque que es reflejo de la vida con su condición humana puesta al desnudo cual una herida abierta y llena de pus. Es falso pensar que este tipo de novela solo habla del bien y del mal. De lo negro y de lo oscuro, dividiendo y separando estas dos entidades. Estamos en el reino de las emociones, de las emociones destructivas. Odio, batallas interiores, desfiguraciones interiores, desviaciones, luchas personales, guerra entre lo racional y lo irracional... Cuanta tragedia... Y cuantos héroes malditos. Me gusta, si, entrar en este mundo demoniaco dónde los personajes bailan una danza macabra. Me gustan estas descripciones de la vida, de lo cotidiano, de lo banal. Pero repentinamente al descubierto, como más tangible, más cercano y con más humanidad. La novela de detectives, Laika, saca a la luz todo lo que en la vida nos molesta y que no queremos ni ver ni indagar. Esta violencia tan presente en nuestra vida cotidiana, tan presente que ni la vemos, ahí esta, en la novela. Y la miseria humana y mental, tambien. Y el mal, the devil, con toda su fuerza. Si, todo esto y mucho más y tanto más. Hasta lo que no osamos decir en voz alta. La novela de crimen ilumina de una luz oscura y terrible al ser humano. Es una novela sobre la vida, la muerte y la locura. Viaje al infierno pero tambien viaje a lo humano de este infierno. Como lector podemos participar en esta odisea dónde no hay un culpable ni un inocente. Pero sí víctimas de una realidad que es el mismo infierno. Dónde la bondad y la compasión existen buscando la verdad. Y la verdad, en la novela policial, es una especie de justicia, pero justicia como concepto universal dónde todos, asesino como asesinado, están jugando en la misma hoguera. He tenido buenos guías en este sendero literario que muchos creen, Laika, que es un genero sin mucha importancia. Estos guías son los mismos escritores de novelas policiales, hombres y mujeres que han decidido entrar de pleno en un mundo de vísceras, luchando para entender el genero humano, para iluminar con sabiduría fallas y sufrimientos. Entre todos estos artesanos de este genero te puedo nombrar a dos o tres que considero grandes sabios. Son mis favoritos por el humanismo que veo en sus palabras y en sus mundos. Por la inteligencia que hacen sobresalir de sus personajes malditos, o por la compasión que nos hacen sentir cuando entramos en sus tierras dantescas. Unos utilizan su arte haciéndonos reír, como Joseph Wambaugh. Pero se trata de una risa triste ya que no hay nada mas triste que la ciudad de Los Ángeles y la vida de sus policías. Y es que Wambaugh fue él mismo un policía durante muchos años hasta que decidió que ser policía era estar muy cerca del suicidio. Sus novelas hablan de una terrible realidad que gracias a él se nos muestra más humana y más comprensible. Y leerlo es entender un poco más el mundo que nos rodea. Otros escritores utilizan la psicología, como P. D. James. Y la critica social para comprender que los asesinos tambien son víctimas de un sistema, nuestro sistema social y judicial y tambien cultural. Entramos, con esta escritora inglesa, en el fondo de un abismo mental, personal. Y al salir de uno de sus libros tenemos la impresión de entender un poco más al ser humano. Y otros juegan con el miedo para hacernos emprender un viaje en la más horrible y temible realidad como lo ha hecho Jonh Ball en su ultima novela The Van. Y esta novela, que para mí es la novela más terrible que he leído en mi vida, es la historia de una encuesta sobre un serial killer. Una encuesta que muestra lo que es la maldad y como esta maldad nos toca a todos, que lo queramos o nó. Ya ves Laika en que mundos tan interesantes nos llevan las novelas de detectives. ¿Quieres venir conmigo por estos caminos? Di que si, Laika querida... Tú y yo entraremos en el bosque y quien sabe lo que puede pasar... 25/10/2004 01:41 Enlace permanente. Hay 8 comentarios. |
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