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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2004. 03/11/2004Energía Tú y yo, Laika, en una playa, corriendo.Es así como nos veo, en medio de una inmensidad ocre, brillante, de oro. El mar, el sol nos saludan, las aves, la arena. Corremos las dos, como dos crías, felices al fin de oler el agua salina, de respirar el aire marino. No es un tópico, es así como quiero vernos, como desearía que estuviésemos, como quiero que estemos. Pero la realidad es muy diferente. Mantengo mis ojos cerrados, respirando con amor. ¿Te gusta el mar, Laika? Las inmensas olas que van y vienen como va y viene la sangre, va y viene el amor, la pasión y el ritmo de la vida. Coges velocidad, corres como un lobo, te paras, me miras de lejos, vienes hacia mí riendo y ladrando de alegría. A lo lejos vemos de repente a nuestro compañero de vida, nos saluda moviendo los brazos y vamos hacia él, casi volando. Nos abrazamos y siento el pulso de su vida en mi centro. El tambien sonríe. En la realidad no tanto pero aquí, sí. Sus brazos, que rodean mi espalda, son fuertes y seguros, sus piernas aguantan nuestros cuerpos. Estamos en equilibrio sobre una piel de oro que es esta arena suave y buena. Aquí, él no está cansado ni enfermo. Aquí él tiene energía, fuerza, y sus ojos brillan, brillan. Aquí reina la armonía. Nos hemos sentado y trozos de oro nos rodean. Sobre tus cuatro patas, tú vigilas el paisaje. Nos proteges. Los tres, en medio de una playa magnifica, real como este lazo que nos une. 03/11/2004 00:11 Enlace permanente. Hay 3 comentarios. 06/11/2004Tomando un café con leche El eco espiritual de la caricia - un temblor que responde desde la médula más intima de la vida.Ernst Jünger Radiaciones, Diarios de la Segunda Guerra Mundial Laika, el otro día... El se había sentado a mi lado. Era un hombre mayor, de unos 70 años. Los hombres de 70 años tambien pueden ser guapos y atractivos. Olía a una colonia que me recordaba, vete a saber porqué, mi infancia. Y este hombre vestido de azul empezó a hablarme de su mujer que se estaba muriendo de un tumor de cerebro, en el hospital situado justo enfrente de la granja en donde estabamos desayunando aquella mañana. El día, del otro lado del ventanal, seguía amarillo, soleado. Los ojos del hombre brillaban mucho, como bañados con agua de mar. Yo, Laika, escuchaba. Y miraba, desde mi profundo corazón, la muerte de una mujer que aquel hombre amaba. Y sin embargo el café estaba delicioso, caliente y espeso. Todo, a mi alrededor, brillaba de un candor extraño, misterioso, el verde de las paredes de la granja, el delantal blanco de los camareros, el pelo de los otros clientes que nos rodeaban. La voz del hombre tenía una tonalidad suave y calmante. Juntos nos levantamos y salimos a la calle, una calle llena de actividad matinal con su trafico incesante y sus pasantes nerviosos. Yo tambien iba al hospital a recoger a mi madre. En el ascensor el hombre me pidió disculpas y yo le dije que nó, que lo que habíamos hecho era simplemente compartir. Me sonrió porqué era hora de separarnos y de no volvernos a ver nunca más. Enfrente del ascensor, en el piso tercero, yo le di dos besos, uno en cada mejilla y le apreté la mano con un cariño, con todo el cariño que había en mí, con un cariño azul y tierno, profundo como el agua, profundo como el alma. Y entonces me separé de él, como una se aleja de un lugar triste y a la vez cálido. Y fui a buscar a mi madre. Pero dentro de mí, Laika, el cariño que yo había dado se había transformado en energía. Por esto digo que a veces Laika, sin querer y tomando un café con leche, una se encuentra con la vida, simplemente. 06/11/2004 15:13 Enlace permanente. Hay 9 comentarios. 08/11/2004Reunión Mira, Laika, aquí está la niña...Siempre que quiero verla la encuentro en estos jardines del Hospital de San Pablo. Y es que es aquí, en este lugar un poco mágico para ella, que se hizo el ultimo paseo familiar antes del gran viaje al Canadá. Aquí ella jugó por ultima vez con sus primos... Mira bien Laika, es ella. ¿No me reconoces? A que sí... Sentada en un eslabón está mirando en el vacío. Hace mucho que no paso por aquí a verla, tan ocupada y complicada es a veces la vida. Pero hoy es un día especial. Hoy he decidido que ya no quiero verla más triste ni sentada en este lugar gris y solitario. Cuando levanta la vista y nos ve le reconozco esta pizca de travesura en la punta de la nariz. Sí, Laika, siempre fui muy mala, de pequeña, pero paré de serlo cuando me fui al Canadá. - Hola... - Hola. Está seria, sin embargo, y nos estudia tristemente. Su abrigo gris, que me compró mi madre, no le queda bien. Bien sé yo que nunca mi madre supo elegir mis colores preferidos, ni nada de todas maneras. Por esto, durante tanto tiempo, me encontré fea, vulgar y ridícula. - Mira, Llydia, te he llevado un abrigo nuevo. Pruébatelo. Se levanta, obediente y con, en los ojos, un poco de sorpresa. El abrigo que le ofrezco es rojo, rojo como la vida. Yo sé que el rojo, color de la sangre, me está bien. Se lo prueba, un poco nerviosa ya que no se esperaba a recibir un regalo en este día tan triste. Y como por magia veo enfrente de mí una niña de apenas 9 años bonita y feliz. El pelo negro y los ojos oscuros resaltan como si fueran carbón ardiente. - ¿ Es para mí? - Si, es para ti, para que te encuentres bella y atractiva. Y para que no tengas frío, nunca más. Ves, Laika, es muy fácil hacer feliz a una niña. Ahora ya parece otra. Ahora hasta parece más valiente, más fuerte. Me sonríe. - Hace mucho que no venias. Te he estado esperando... Y yo, un nudo en la garganta: - Perdóname... La primera vez que vine fue muy duro entablar con ella, estaba tan resentida. De ser una niña fea, de haberme dejado de lado, aquí, sola y triste. Al acercarme a ella, a mí, vi el vacío en sus ojos. Fue entonces cuando lloré la primera vez, descaradamente, delante mí, niña. Y ella se me acercó y me acarició el pelo. Yo le besé las manos y recordé lo feliz que fui de pequeñina hasta aquel domingo en los jardines del hospital. Cuando le miré los ojos vi que ella tambien estaba llorando. Siempre que he venido a verla la abrazo y la consuelo. Le hablo de la nieve, de los osos, de los lobos que hay en Canadá, que no será muy difícil, que ella acabará acostumbrada al cambio, que todo irá bien. Que yo siempre estaré a su lado, apoyándola. Que siempre, siempre ella podrá contar con migo, para lo que sea, siempre estaré para ella. Pero hoy es diferente. Hoy ya no hay más Canadá ni viaje de separación. - Yo en realidad soy tu madre, tu verdadera madre, le digo su cara entre mis manos. Hoy he venido a buscarte con Laika para llevarte conmigo a casa. No quiero verte sola, aquí. Quiero que estés conmigo. Nunca más quiero verte sola en este jardín. La próxima vez, si quieres volver, Laika te acompañara. Me abraza por la cintura, contenta, nerviosa. Reposa su mejilla sobre mi vientre como escuchando una vieja canción. Cuando volvamos Laika, vendremos con ella. Todo será más alegre y ya no habrá domingo triste ni separaciones. Y, si quieres, bailaremos y cantaremos. ¿Qué importa ya que estaremos finalmente reunidas? 08/11/2004 16:08 Enlace permanente. Hay 7 comentarios. 12/11/2004Hombres de pasión Son hombres con fervor, se nota.Míralos, Laika. Como chillan y gritan el nombre del hombre que ya no está. Como levantan los brazos. Y como las manos bailan en los aires. Son hombres de pasión ya que solamente la pasión les queda. No tienen nada mas, ni país, ni tierra y, a veces, ni identidad. Chillan y gritan el nombre del que ya no está. Desde la otra punta del mundo, en casa, yo estoy con ellos. Como me gustaría estar en medio de este océano humano, sentir el palpitar de sus corazones, llorar y cantar con ellos. Ellos sin tierra, ellos que viven en un inmenso campo de concentración. Ellos que son como nosotros, ni más ni menos. Con nuestros sueños y nuestras ilusiones. He apagado el sonido para no oír los comentarios absolutamente ingratos. Palabras sin compasión, comparaciones estúpidas, reflexiones que muestran mentes fanáticamente cerradas. El silencio, por favor. Hombres están esperando la llegada del hombre que representaba un pueblo. Están tristes. Y cuanta fuerza en esta masa humana. Esta unión, este llanto. ¿Y que pasará, ahora? Hoy Laika, yo tambien soy de Palestina. 12/11/2004 17:14 Enlace permanente. Hay 14 comentarios. 16/11/2004La noticia Laika, estoy enfadada.Cuando estoy enfadada parezco una bruja, vale. Y tú me miras con sorpresa hasta que te das cuanta que no es contigo que mi rabia va. Tan enfadada que cogería la televisión y la tiraría a la basura. Punto. Ya lo hice una vez, cuando la guerra del Rwanda. No seria, pues, la primera vez. Lo vendedores de la muerte han empezado el telediario hoy, a las 2 y media de la tarde. Una hora dónde muchos niños están mirando la tele. La hora de la comida. Nos han mostrado, como noticia primordial, como unos Marines mataban a sangre fría a unos heridos, en este caso Irakies. Nos lo han mostrado dos veces, como si una vez no fuese suficiente. Gratuitamente, con todo los detalles hemos sido testigo de una salvajada. Me pregunto, ¿qué clase de periodismo es este? ¿ De que sirve, para informar, mostrar el sadismo tan nítidamente? Y no solamente el sadismo pero el sufrimiento. Estos heridos hacia horas y horas que estaban agonizando. Luego hemos visto como los soldados americanos cogían los cuerpos de los muertos como si fuesen sacos de patatas. Sabemos todos, Laika querida, lo que es una guerra, sus crueldades, sus locuras, bestialidades. Lo que no es aceptable es que nos lo muestren durante la comida del medio día. Yo soy adulta y mi reacción puedo entenderla. Yo puedo analizar, sopesar, entender o intuir, puedo relativizar y hasta puedo ver lo que no hay de noticia en una noticia de este tipo. Pero un niño no. No está capacitado para hacer todo este trabajo intelectual. De todas maneras se trata de esta violencia tan cruda, tan cruel, tan salvaje; y ellos, los periodistas de la televisión, nos la tiran en la cara para hacernos participes de asesinatos en masa. No tiene sentido. Lo que los periodistas hacen no es informar pero exaltar, emocionar. Entre esto y el circo romano no hay mucha diferencia. Estamos en ello, en una sociedad que acepta la sangre, el dolor y el sufrimiento como entremés de comida. He chillado y he hecho lo único que puedo hacer, Laika. Quejarme al canal que ha pasado la noticia. Luego he llamado a la Defensa de la Audiencia. Y me he vuelto a quejar. Y ahora alejar esta rabia que tengo aquí, en mi pecho. Una rabia que tengo que transformar en acción, en amor y paciencia. (Tel. para quejarse: 901 100 321) 16/11/2004 20:13 Enlace permanente. Hay 4 comentarios. 19/11/2004El llanto de la señora Juana La montañas, los ríos, la tierra, los árboles y los bosques irradian continuamente, tanto de día como de noche, una luz hermosa y sutil, un sonido dulce y melodioso que expresa y evidencia por doquier la insuperable verdad final.Yuansou Calma, Laika, calma... es solamente un llanto que se oye en medio de la madrugada. Es el llanto de la señora Juana. Estas inquieta, Laika, vas de un lado para otro, tus ojos posados sobre mí. Pero yo no puedo parar este chillar hondo y doloroso. ¿No oyes? Es un dolor expresado en voz humana. Es dolor que sube en los aires para explosionar y dejarnos en un silencio interior inaccesible y terrible. Cuanta vida hay en este chillar de bestia herida. Cuantos recuerdos. El primer beso, el primer hijo, el amor y la amistad, el día a día. Todo en este muro negro que de repente se ha abatido sobre la pobre señora Juana. Ella chilla, se le acaba de morir su compañero, su amante, su esposo y confidente... Cuarenta años se han derrumbado a sus pies. ¡Chilla, chilla Juana! Amiga, chilla. El cielo gris va lentamente tomando texturas rosas. Un nuevo día, Laika, acaba de empezar. Calma Laika... que no se le puede hacer nada. Somos hormiguitas, somos la brisa, somos polvo. Somos el vacío y un llanto que pregunta el por qué... Y que fácil es morir con lo difícil que es vivir. Ah, Laika. Poder calmar y apaciguar este llanto insuperable y profundo cual un pozo sin estrellas. El llanto de la señora Juana es universal, es mi llanto, es el de todos los seres vivos que van y vienen y es un llanto que no queremos oír porqué abridor de puertas e inquietudes sin respuesta, que nos separa por su intransigencia y su semblante de crueldad. Pero quizas es el llanto de la verdad. No sé, Laika. Yo, en esta mañana gris y rosa y viva, no sé nada. Aquí estamos tú y yo, en silencio, los ojos cerrados, quietas y solas en medio de algo viejo como la misma tierra, en medio de un ciclo, en medio de la muerte. 19/11/2004 20:11 Enlace permanente. Hay 8 comentarios. 23/11/2004El Polo Norte Within your heart, keep one still, secret spot where dreams may go.Louise Driscoll Estamos tú y yo en medio de una tierra espesa y blanca. Tú y yo en el Polo Norte. Aquí, en esta inmensidad plateada, finalmente nos hemos vuelto a encontrar. Ah, cuanto tiempo amigo mío. Firgoff.. Yo muchas veces te había dicho: - Hasta en el Polo Norte me iría contigo. Y tus ojos marrones oscuros siempre habían asentido. En el fondo, dónde fuese. Pero juntos. Hasta en el Polo Norte. Mi buen perro Firgoff... Este mes hace un año justo que te has ido en esta otra dimensión, misteriosa e inaccesible, del otro lado de esta realidad nuestra, y esta dimensión tuya es la misma que hay en mi corazón. Me has venido a visitar, amigo mío... Te lo decía muchas veces, esto del Polo Norte. Era una frase secreta entre nosotros, una frase de complicidad, una especie de código. Reíamos en silencio. Estamos solos...Y el viento del Norte está ausente... No hay ningún sonido aparte el respirar nuestro que se transforma en fina niebla. Somos dos puntos en medio de esta soledad lunar,blanca y viva, limpia y misteriosa. Muy a lo lejos sabemos tú y yo dónde, del otro lado de la estepa, se encuentra un pequeño pueblo con casas de tejados rojos y puntiagudos. Y perros, Huskies, muy simpáticos. El frío no nos toca, protegidos que estamos, tú con tu pelaje y yo con un buen abrigo de plumas. El aire que respiramos es fresco y puro, picante. Tus bigotes brillan y parecen hilos de plata alrededor de tu hocico húmedo y frío. Somos dos puntos unidos en una blancura estrellada, en el fin del mundo. En la punta del planeta estamos, en uno de los extremos de la tierra... Aquí no hay limites. Todo es espacio abierto. Tundras y desiertos...Osos blancos y fuertes. Y mares con sus focas y sus ballenas. Un poco más lejos, pero no tanto, el Canadá, de dónde venimos pero tambien otras tierras de bonitas consonancias: Groenlandia, Alaska, Islandia... y ciudades con nombres extraños, Inuvik, Doudnka, Karaoul, Mourmansk, Srednekolymsk... Pronto se levantará el día que coloreará la cúpula gris de un amarillo pálido y lejano. Y luego llegará el sol y la luz del día crecerá lentamente. Entonces, bajo un cielo incandescente y rosado, podremos empezar a andar. Aquí estamos, como promesa que nos hicimos. Me quito un guante y te acaricio la cabeza. Tú sigues mirando delante de tí, vigilando el levantar del día. Que suave es acariciarte de nuevo. Tu pelo negro brilla y resalta, eres mi oso polar, mi guardián, mi caballero del hielo. Eres un perro muy guapo. Como me gusta sentir de nuevo el palpitar de tu energía... El latir de tu corazón aqui, junto a mí, en medio de este paisaje limpido, edén de cristal y vidrio. No me da miedo nada, ni la blancura, ni el vacío, ni la soledad. Pero esto sí, contigo. Dos puntos en un lugar que podría ser el cielo. 23/11/2004 12:24 Enlace permanente. Hay 4 comentarios. 26/11/2004Un día cualquiera y una mujer, leyendo Laika: Salem y tú estais castigados. Tú por haber perseguido maliciosamente a Salem, y Salem por haber subido sobre la mesa y haberme tirado la taza de café sobre el teclado.Así pues, he bajado al centro de mi ciudad a por un nuevo teclado. ¡Ah! Es un buen día de descanso, lejos de mi querido trabajo, de mis compañeras, de las habitaciones del hotel. Un día para mí, solamente. Un día gris pero es igual, llevo el sol dentro de mi cuerpo. Lo primero que hago es pararme en la cálida cafetería cerca de la librería de segunda mano, dónde puedo encontrar libros en ingles a un precio casi ridículo. Un grupo de viejas mujeres toma café en un rincón, yo me siento en la barra y pido un cortado. Es una mañana como otras pero hoy nada corre prisa, o mejor dicho el tiempo corre despacio y suavemente. Abro mi John LeCarré. Es una buena novela y LeCarré siempre me pone de buen humor. Su ironía, su mirada del detalle, sus personajes humanos y su critica del mundo me apasionan. Leerlo es realmente uno de los grandes placeres de mi vida. La acción de la novela pasa en Asia, en plena guerra de los Khmer Rouge. Justamente, he llegado en medio de una escena realmente interesante en la historia, una escena potente y fuerte: un periodista inglés (pero tambien espía), una joven fotógrafa y un comerciante británico están dentro de un Mercedes (del comerciante) en medio de un camino en plena batalla (pero lejos). El lugar: Phom Penh. Empieza a llover. - Está lloviendo y no hay ningún crío, esto no es normal, dice la joven fotógrafa. En Phom Penh si llueve y no hay crios jugando bajo la lluvia es signo de peligro. De gran peligro. Dentro del Mercedes hay un momento de silencio, una especie de limbo mental. El chofer, un nativo que habla francés, ha parado el automóvil. - Jesús Christ, dice el comerciante. Holy God. Los ingleses son muy finos. Si el comerciante fuese americano diría simplemente: - ¡Holy Shit! ¿What a fuck is that? - El cortado, guapisima. Levanto la cabeza. Algo en el tono del hombre, como una amargura camuflada detrás de su tono. Es un hombre moreno, interesante y alto y sin embargo su cara está muy triste. Miro de reojo a su compañera, preparando bocadillos a la otra punta de la barra. Y siento la tensión entre ellos como si fuese mía. Ya se han vuelto a pelear. - Lentamente, dice el periodista. Y es que del otro lado de la lluvia, del otro lado de la vida y de la frágil protección del Mercedes un camión gris ha cerrado el paso y detrás del Mercedes, del otro lado del camino, otro camión tambien ha hecho lo mismo. Ay. - Enseñar las manos, aconseja el comerciante. Que vean nuestras manos... Que las vean sin armas, sin nada, mostrar las manos... - ¡Paquito! ¡¡¡Me oyes!!! Una de las ancianas del rincón está hablando con su teléfono mobil. - ¡Soy Carla, Carla tu tía! ¿¿¿Que no me oyes??? Y, dirijiendose a una de sus compañeras: - El pobre está sordo, y mira que no tiene ni cincuenta. Que desgracia... Y es que no se trata de camiones cualquiera. Estamos hablando de camiones ocupados por soldados Khmer Rouge. Y estos están afuera, depié, armados y esperando bajo la lluvia... - ¡Que si quieres comprar la lotería hijo! ¡La lotería de Navidad! Maldita tía, pienso. Corre la voz por toda Asia que es mejor suicidarse antes que caer bajo las manos de los Khmer Rouge. Compañeros del periodista llevan consigo veneno o un pequeño revolver por si las moscas y dispuestos a utilizarlos en caso de que los Khmer Rouge los tomen como prisioneros. El folklore es muy fuerte, en estas regiones.Pero más que folklore se trata de una realidad. Si te cogen, la primera noche es la única noche que tienes para poder escaparte. De lo contrario, estás perdido. Los Khmer Rouge no solamente te quitaran los zapatos pero tambien tu salud y harán de ti lo que ni Dios puede imaginar en sus peores pesadillas. - ¡Que no hijo, que no! Que no estoy hablando de bollería pero de la lotería. ¡Joder! El Mercedes avanza lentamente hacia su destino. Y llueve, llueve sin parar y hay tensión en el auto. Una cosa es segura: si logran pasar el baraje, vale. Pero de lo contrario entrarán de pleno en el magnifico infierno de Pol Pot. - ¿Que no ves que a este maldito bocadillo le falta el queso? Ha hablado fuerte, el morenazo. Levanto la cabeza, de nuevo. Que pena que un hombre tan así haga pareja con una mujer tan asá. Cosas de la vida... Todos sabemos lo que hicieron los Khmer Rouge, para esto no hace falta mucho conocimiento en Historia. Mataron sin piedad, torturaron, aniquilaron, fueron responsables de un genocidio, otro. Enfin, la triste vida... El Mercedes va avanzando con mucha lentitud. ¿Pasará por el hueco entre el borde del camino y el camión? ¿Y si no pasa, si no hay espacio, si, por cosas así, del destino, los Khmer Rouge deciden parar el automóvil, vaciarlo de sus ocupantes? - Lentamente, muy muy lentamente, vuelve a decir el periodista. ¿Cuántos fueron? Dos millones, o algo así, los que murieron bajo el yugo de estos hombres demoniacos, dementes, locos. El Merce... - ¡Cinco euros, hijo, solo cinco euros! Cierro el libro de un golpe fuerte. Basta. La vieja chillona me mira con sorpresa. Yo, simplemente, me pongo a reír. El guapetón me guiña un ojo. Pago el cortado y salgo de la cafetería. Que bonito día, pienso. 26/11/2004 15:47 Enlace permanente. Hay 9 comentarios. 30/11/2004Un lugar en mi corazón llamado Polo Norte Ha llovido toda la tarde, unas gotas finas y ligeras y desde el comedor oímos su resbalar sobre el gran ventanal. Ya es de noche.Después del pastel de queso es bueno descansar con unas copitas de dulce alcohol. Salem y Laika nos hacen compañía, estirados sobre el suelo enfrente de nosotras. Digo: - Este Marie Blizard está muy requetebueno. - Me lo ha regalado Pierre, que acaba de llegar de la Moselle. Dice que está haciendo mucho frío por allá. Brrrr, con lo bien que estamos aquí... Yo, estos días, me añoro del frío. He vivido treinta años en un país dónde en invierno las temperaturas podían bajar a menos 40 y, curiosamente, me gustaría estar en pleno invierno, en medio de una buena tempestad de nieve. Me añoro, sobre todo, de temperaturas extremas. Del sentir del frío, palpable como el metal, como la plata o el oro. Y su color... blanco intransigente, y plateado mojado. ¿Cómo no recordar el tacto, duro y suave? Del hielo, que pintaba el paisaje de cristal y era como entrar en un cuento de hadas. De la nieve, que parecía azúcar cristalino. Y el sonido que hacían las botas sobre el suelo, crac, crac. Y todo esto, ahora, es una gran ausencia en mi vida, una ausencia que nunca hubiese pensado recordar. - Dame otra copa de este Blizard. - Cuidado, que este anís es duro aunque sea muy dulce. He hablado mucho del Polo Norte, y tambien he soñado con el Polo Sur. A tal punto que mi compañero me ha significado que vaya a ver al psicólogo. Yo, francamente, siempre me quedo nostálgica cuando hablo o pienso en ello. La dureza de estas tierras me atrae, no le puedo hacer nada. Es como si estuviese poseída por el viento del Norte. - Me pregunto como debió sentirse Roald Amundsen, al pisar el primero y por primera vez aquel inmenso trozo del planeta. Fue un 14 de diciembre de 1911. En el Sur. Y en el Norte, en 1909, Robert E. Peary. - No pienses más en ello, dice Luisa. Estamos aquí y aquí no hace frío y se está tan bien... Pienso en ellos, es más fuerte que mi voluntad. Los grandes exploradores, sus acompañantes, todos ellos que osaron largarse, dejarlo todo... Quizas es de esto que me añoro, en el fondo. Irme, irme lejos de todo, todo... Estos héroes locos me hablan. De lo valientes que eran, cosa que admiro. De sus penas y sus dificultades en aquellos viajes interminables. Del hambre, de la sed, del frío, del cambio. La dureza del ambiente debió tambien, en algún lugar, endurecerles por dentro. Iban acompañados con perros y gatos, sabían de vientos y cielos. Entraron en contacto con los nativos de aquellas tierras, intercambiaron, dieron, recibieron. Cuanto, cuanto. ¿Y cuando vieron por primera vez las ballenas, los osos, los remos? Los lobos marinos, las focas, toda esta fauna que hoy está en peligro de extinción, toda esta fauna rica y viva, y ellos ahí, como sobre otro planeta, lo que era. ¿Qué pasó por sus mentes? ¿Cómo se sintieron? No eran cazadores, estaban ahí para investigar, investigarse, aportar información, para ofrecernos el Norte, la punta de la tierra, o el Sur, mostrarnos dónde yacía la antena de la tierra, su cabeza, su corazón de agua helada, sus vísceras de hielo. El Norte me está llamando. O quizas lo que oigo es su llanto. Por esto sueño con él, por esto me añoro de aquellos años cuando su soplo llegaba hasta la puerta de mi casa embriagándome de los pies a la cabeza. Un compañero de trabajo me ha dicho - ¿Existe aún el Polo Norte? Y cuanta razón tiene esta pregunta, cuanta verdad hay en ella. Pronto, por el calentamiento de la tierra, ya no habrá más ni Polo Norte ni Polo Sur. - Y por esto, Luisa, hay que vigilar al Polo Norte, por esto. Cuando cese de existir, ya no habrá más vida sobre la tierra. El Polo Norte es un barómetro, una especie de pulso de la tierra. Yo lo siento aquí, en el fondo de mi pobre pequeño corazón. No le puedo hacer nada. Es un latir incesante. Es una canción de frío y de pasión, llena de vida y de una luz extraña y salvaje. 30/11/2004 23:20 Enlace permanente. Hay 12 comentarios. |
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