Archivos


Mis amigos blogistas

Mientras desayuno
La vida en Berlín
Alas de albatros
Corazón
El sentido de la vida
Blog de Magda
Descalza
Bumblecat
El chico de la puerta
La hechicera de la luna
Ardibeltza
La fiebre de tinta
Perspectiva nocturna
Sefaradweb
Blackwings
La muralla
La Rosa de Besullo
Gato Pérez
Blogs de una soltera

Mis amigos los animales

Prairie Dog Lover's Burrow

Otra manera de ver la realidad

Infoshop.org

RSS

Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2004.

16/07/2004

La merienda

Personajes:

Laika, pastora belga
Salem, gato callejero y vulgar,negro
Ella, dueña de Laika y de Salem
Invitadas

En un comedor 8 mujeres están reunidas para una merienda de verano. Hay, sobre una mesa, bocadillos, vasos y un recipiente con sangría. Las mujeres hablan muy animadamente y parecen estar de buen humor. A un lado del comedor un perro y un gato estudian el espectáculo.

Salem: Míralas, míralas, son como gallinas locas, que pesadas...

Laika: Pero que dices... si son muy simpáticas!

Salem, mira fijamente las piernas de una de las mujeres: Estas piernas me molestan, quiero arañarlas.

Laika, abre los ojos con espanto: ¡Ni te atrevas! Ella se enfadaría mucho, son sus invitadas y no puedes hacer una cosa tan horrible.

Salem, bosteza estirandose hacia delante: Tú no eres quién para decirme lo que tengo que hacer o nó. No faltaría más. Que un perro me mandase, decidiese de mis acciones... ¿Acaso no sabes que los gatos no aceptamos orden de nadie? Por algo fuimos dioses, en aquellos años de nuestra gran Gloria.

Las mujeres beben y fuman, es una tarde de verano húmeda y fuera hay un gran sol valiente y fuerte que lo quema todo. Pero dentro del comedor es como estar en medio de un gran vientre tierno.

Salem, se ha vuelto a sentar sobre su posterior y ha tomado una pose de figurina : No me gustan las reuniones de familia, los grupos excitados y excitables, las voces estridentes. ¿Cuántas son? Demasiadas. Han llegado como una oleada de mar, intransigentes en sus gestos bruscos, animadas y pesadas. Son mujeres. Las mujeres son así, como gaviotas tontas y hambrientas.

Laika, nerviosa y febril: Si, pero son simpáticas. Ya me han acariciado cada una de ellas el hocico, y me han dicho cosas deliciosas ¨ Que perra tan bonita, que pelo tan suave y negro, que cuerpo tan esbelto... ¨ Me miran y ven en mí la loba escondida detrás de mis ojos pardos. Ven en mí la perra sabia y dócil que soy, la amante del contacto, la guía de la oscuridad dónde el alma no sabe cual rumbo tomar. Soy Laika, perra entera y sincera, presente y compañera.

Salem, bosteza abriendo grande su boca dónde puede verse su dentadura fina y blanca : Continua y voy a dormir hasta el verano próximo. ¡Que pesada que eres! Siempre buscas dos colas en un mismo rabo. ¡Que suerte la mía de no haber nacido perro! Yo no necesito un espejo para verme, amiga mía. Yo soy entero y presente ante mi mismo. No necesito que me adulen o me engatusen. No me importa el gentío. No me importan los otros. Vivo, existo y esto para mí es suficiente.

Laika, fijando un punto, Ella: Mira como ríe. Parece una niña traviesa cuando ríe de esta manera, como si la risa fuese agua que resbalase de sus labios. Que suave su expresión en este instante dónde se rompen sus ojos en mil estrellas y su piel toma el color del melocotón cuando la alegría le hace resbalar la cabeza hacia atrás y que el cielo parece golpearle la frente.

Salem, taciturno, sombrio: Ha bebido.

Laika, sonriendo, la lengua salida: No solamente ella, todas ya han bebido bastante de esta poción que Ella preparó ayer mientras escuchaba a Francis Cabrel. ¿Qué tendrá este liquido rojo y suave como la sangre que las hace reír tanto? ¡Que misterio!

Salem, altanero: Están borrachas, todas sin excepción

Laika: Que no... están contentas, simplemente.

Salem, frío, intransigente: Me molesta esta alegría.

Laika, mueve el rabo a una velocidad estridente: Pues a mí me encanta. ¡Que feliz que soy cuando veo la felicidad en los otros! Cuando puedo discernir la complicidad y el juego, el gesto amable, el cuerpo ligero, flexible, dócil. No hay tormenta, ni nubes negras ni truenos. Hay solamente una gran paz que baila con palabras sin importancia, historias estúpidas y tontas, caricaturas y payasadas. Es una merienda muy entretenida, para ellas es como una demora, un descanso bien merecido.

Salem, lamiéndose una de las patas delanteras con mucho cuidado: Es curioso que todo lo veas de esta manera, tan simple, tan inocente. Todo te parece correcto, siempre estas de acuerdo en todo. Que asco.

Laika: Huele, huele el buen pastel de queso que ha traído una de ellas de la cocina. Hmmmm, que rico.

Salem, continúa haciendo su aseo como si de nada: Eres un caso. Eres como ellas, un cerebro limitado, yo diría casi vacío como el cerebro minúsculo de un mirlo. Sin consistencia, sin potencia. Hasta vuestras grandes alegrías son insignificantes.

Laika, seria: ¿ Qué sabes tú de felicidad si siempre estás más serio que un pingüino?

Salem, una pata delantera en el aire: Cuidado, que mis uñas son como finísimos hilos de plata y cuando cortan abren en profundidad.

Laika, parpadéa ligeramente: No me das miedo. Yo, con mis molares, puedo romperte el pescuezo en un decir. Si quieres, probamos.

Salem, ríe pero con ironia: Hasta en esto eres inocente. En un segundo puedo quitarte los ojos y hacer de ti una perra inútil y desgraciada. Que miseria ser un perro y no apreciar la fuerza y el peligro. Me das asco. ¿Cómo haces para no apreciar mi inteligencia y mi astucia? Te sorprende un rimero de mujeres histéricas y en cambio no reaccionas ante el animal más peligroso de este rebaño aquí presente. Hay que ver lo naïve que eres, y esto que ya tienes 3 años. Pero sigues siendo como un cachorro.

Laika: Posiblemente tengas razón. Eres un ser peligroso y negro, como el color carbón de tu pelo. Te respeto porqué no me gusta el combate, soy un ser de paz, yo. Veo lo bueno en todo, hasta en lo malo. Así me lo han enseñado mis antepasados, en mis genes. No le puedo hacer nada, este es mi camino.

Salem, sarcástico: Tú y yo como el Ying y el Yang.

Laika, de repente frenética y excitada: A estos dos señores no los conozco. ¿Qué no hueles el pastel de queso? Tengo hambre...

Salem, cierra los ojos: Vete, vete... Lárgate ya de una vez y déjame solo aquí, contemplando este espectáculo patético femenino de 8 mujeres comiendo un pastel de queso.

Laika: pues sí, me voy. Cada una me dará un trozo de pastel, estoy segura. Hay tres pasteles, uno de fresa, uno de naranja y otro de chocolate. Todos de queso, de este queso de leche de vaca tan bueno y suave que cuando lo comes parece que se cierra el mundo a tu alrededor y estas como en una nube cálida y tierna. Me recuerda mi madre, el queso de estos pasteles. Te dejo aquí, gato antipático y salvaje. Después no vengas y me pidas un trozo de pastel, que no te lo daré.

Salem: No, yo no pido nada. Yo solo quiero que todo esto acabe ya de una vez. Y que todo vuelva a la normalidad.

Laika se acerca sigilosamente hacia el grupo de mujeres. Es una tarde de verano, muy húmeda.
16/07/2004 20:19 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

20/07/2004

La terraza

ttttterace.jpgSalem, Laika y Pinki están tomando el sol en una terraza. A lo lejos puede verse la fina línea horizontal del mar. Deben de ser alrededor de las 2 de la tarde.

Salem, su cabeza sobre sus dos patas delanteras: Uf, que calor... Pero que bien estamos aquí, sin nadie, solo nosotros tres.

Laika ha estado jugando con una pelota de ping pong pero al final, aburrida de que nadie jugase con ella, se ha estirado debajo del gran geranio situado en una esquina de la terraza.

Laika: Este sol es tan fuerte... ¿ Cómo es posible que los humanos adoren ir a la playa para dejarse quemar la piel?

Salem, ojos cerrados: Los humanos no están bien de la cabeza.

Pinki, de repente muy animado mirando de un lado a otro, ojos extraviados: ¡Mi Luisa sí que está bien de la cabeza, ella! ¿Dónde está, donde está mi Luisa?

Laika y Salem estudian a Pinki con curiosidad.

Salem, se dirige a Laika: Tenemos a un gato nervioso, por lo visto.

Laika: Cosas de la vida.

Los meteorólogos han anunciado que seria un verano duro, intransigente. Sobre la terraza sin embargo baila, a ratos, una ligera brisa. Las palmeras, hay dos, plantadas en grandes macetas, ofrecen un poco de sombra. En el aire flota un ligero y suave aroma a mar, a este mar tan grande y tan azul que Luisa y Ella han ido a visitar con sus bolsas llenas de libros y revistas, cremas para la piel, botellas frías y bocadillos de chorizo, de jamón y queso. Toda una parafernalia que los animales han estudiado con mucho interés, de lejos y sin molestar. Cuando ellas han cerrado la puerta después de un momento de confusión para ver si llevaban las llaves de la moto, el piso se ha quedado en un extraño silencio apacible como el respiro de un recién nacido. Hasta han podido escuchar el rumor del mar, allá a lo lejos.

Salem, sonriendo con sarcasmo mirando a Pinki de arriba abajo: ¿ De donde vienes, gato de extraño pelaje? Que yo sepa no eres de ninguna raza inscrita en el Libro de los Gatos del Gran Larousse. Seguramente has nacido en alguna callejuela y has sido abandonado por tus progenitores ¿Cómo has venido a parar hasta aquí?

Laika: En verdad tienes razón, este gato además de ser nervioso es de un genero bastante fuera de lo normal. Estos colores, marrón y gris, están distribuidos de una manera muy original ya que dividen el cuerpo como en dos. Muy curioso, sí.

Pinki, levantando los ojos al cielo: En realidad no sé de donde vengo, ni sé nada de mi familia. Un día me pusieron en una cesta y de repente al cabo de un rato unas manos suaves me apretujaron y levantaron en el aire. Entonces vi la sonrisa de Luisa, mi ama y la propietaria de mi vida. Es cierto que ella dijo ¨¡ Que gato tan simpático!¨ Y entonces vi que se dirigía a un hombre, el Ruso. Se pusieron a reír.

Salem: Normal.

Pinki: El Ruso empezó a hablar de historias de gatos de su tierra querida, valientes e intrépidos, y Luisa lo escuchaba boca abierta. Y el Ruso venga a hablar, no paraba, parecía una locomotora. Decía sobre estepas rusas y gatos cazadores de liebres. De los ojos de estos gatos, por la noche, de cómo brillan en medio de aquel inmenso espacio ocre y de cómo a veces puede verse entre su vegetación largas colas de gatos saltarines y traviesos muy parecidos a panteras. Luego el Ruso se volvió hacia mí y, señalándome dramáticamente con el dedo, dijo: ¨Míralo, se ha quedado dormido en tus brazos, buen gato.¨ Pero yo no dormía, yo solamente soñaba con la gran estepa.

Laika: Estos rusos...

Pinki: El color de mi pelo es poesía, así dijo el ruso.

Salem, se endereza y de un gran salto sube sobre el reborde de la terraza: Los rusos son misteriosos, como los gatos. Yo les respeto porqué son individuos íntegros y valientes. ¨Dommage¨ que Ella no tenga un ruso. La vida aquí sería un poco más inteligente.

Laika, levanta la cabeza: ¿Qué insinúas?

Salem, cierra los ojos: Nada.

Pinki: El caso es que yo soy un gato mimado y ellos dos, Luisa y su ruso, me respetan mucho.
¡ El otro día él me trajo caviar!

Salem: Bof.

Laika, en voz baja: Pinki, por favor, no continúes con el tema del caviar, es un tema delicado para Salem.

Pinki mira de reojo a Salem que, sentado muy derecho parece un sultán orgulloso.

Laika, sin levantar el tono de voz y orejas en atención: El caso es que el hermano de Salem, un tal Dino, se tiró de una ventana después de haber comido un plato de caviar.

Pinki, abre sus immensos ojos: ¡Oh!

Salem, muy serio: No fue el caviar lo que mató a mi hermano, sino más bien mujeres, especialmente una que trajo un día caviar y Champagne. Las mujeres están locas, esto se sabe, esto lo saben todos los gatos. Las que pasaban por casa eran un desastre. Dejaban sus bolsos en medio del suelo, sus ropas interiores, y era una locura todo aquello esparcido por todas partes. (Mueve los bigotes con disgusto.) En todos los rincones siempre había algo, y a Dino, mi hermano felino, le atraían especialmente los bolsos de aquellas mujeres. En ellos se introducía como en una cueva, rebuscaba, mordía, olía. Había de todo en aquellos bolsos misteriosos, objetos extraños que ellas llaman maquillaje, papeles, recibos, libros, carpetas, cajitas con píldoras, llaveros... Dino se volvía loco y esta locura le duraba todo el día. Su frenesí llegó a su punto culminante cuando un día una de aquellas sanguijuelas viene con caviar y deja la lata abierta sobre el mostrador de la cocina. Dino ve el caviar, salta sobre el mostrador, coge la lata entre sus dientes y se la lleva dentro del bolso de la mujer. Cuando la mujer se entera de lo que ha pasado se vuelve histérica, hay una pelea entre un bolso que parece vivo y una mujer que no para de chillar. Hay arañazos, sangre, escupitajos, silbidos, y al cabo de un rato sale Dino de dentro del bolso, la mirada extraviada, salta sobre el bordillo de la ventana del comedor y...

Hay un silencio extraño en la terraza, casi un silencio entrañable. El cielo, sin nubes, parece una gran pared de mármol brillante. Es la hora de la siesta y apenas se oyen voces humanas. A lo lejos el mar resplandece, inmaculado y azul.

Pinki: Yo digo que los bolsos de las mujeres no tendrían que existir.

Salem, irónico obsevando una gaviota volar a lo lejos: Se dicen personas libres pero ¿cómo pueden serlo si llevan bolsos tan pesados y tan cargados? No me extraña que tengan problemas de espalda.

Laika: En el bolso de Luisa siempre hay algún caramelito para mí.

Pasa un moscardón cerca de Salem que hace como si no pasase nada. A la sombra del geranio hay un bocal con agua y Pinki ha ido a refrescarse la nariz. Laika se ha quedado dormida de un ojo y ronca ligeramente. Salem mira a lo lejos.

Recuerda. Recuerda playas que Él, su amo de antes, contaba. Decia que en ellas la arena era tan fina que parecía oro. Que en el mar los peces bailaban la samba. Que el mar cantaba una canción eterna, sencilla y bella. Salem, le decia mientras se encendía un cigarrillo y se estiraba sobre la cama. Salem, mi amigo. Un día vendrás conmigo y verás como la libertad tiene un lugar entre el azul y el amarillo. Y Salem ronroneaba simplemente feliz de aquella paz que había entre ellos dos, sin mujeres y sin bolsos. En aquella habitación que era como una concha marina se había creado un lazo, tambien eterno, entre un gato y un hombre.

Salem abre los ojos. Pronto llegarán Luisa y Ella, habrá movimiento, palabras, risas, humo de cigarrillos rusos, comida, mimos... Pero no estará Él, su único compañero de verdad.

Si, piensa Salem con ironía bien felina, pronto llegarán y la vida seguirá y mañana será otro día.
20/07/2004 13:13 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

21/07/2004

La mirada del patito feo

El caso Laika es que yo siempre he sido el patito feo de la familia. No, no... no te rías. No es para reír. Ser el patito feo de la familia es muy duro, es casi como una tragedia griega. Es como una maldición, un maleficio.

Laika, te lo puedo asegurar, ser patito feo es serlo para siempre. En fin, esto creo yo. Y lo creo porqué yo soy un patito feo.

Todo esto Laika empieza con la percepción y la mirada. Con las historias que uno oye, en casa. Con los gestos. Con los sentidos.

En casa, por ejemplo, corría la historia siguiente: yo, nací melliza pero por desgracia mi hermanita solo vivió tres días. El caso es que se cuenta que cuando la enfermera vino a anunciar la muerte de mi hermanita a mi padre, la mujer le dijo que ¨la fea había sobre vivido¨. Esta historia que hoy yo puedo contar con una media sonrisa, mi padre la contaba riendo delante de los invitados. El único que reía era él, evidentemente.

(Los budistas dicen que uno elige a sus padres, para aprender. En mi caso yo he aprendido a vivir siendo un patito feo).

Pero las historias de los patitos feos no terminan con las historias contadas entre carcajadas y cinismos. Yo diría que empiezan justamente ahí, en dónde la criatura empieza a verse un tanto extraña, un tanto diferente. Lo que es curioso es que habitualmente en una familia si hay un patito feo solo hay uno. Mi otra hermana, la que nació dos años más tarde y sin ser melliza, no fue marcada por ningún atributo. Ella ha sido todo menos un patito feo. La imagen que ella tiene de ella misma es muy diferente de la que yo tengo de mí. Es mucho.

¿Qué es ser un patito feo? Pues mira, es llevar ante y sobre todo una marca. No es una marca que se pueda ver; tampoco se puede quitar ya que no se puede ver. Es un tatuaje invisible señalado en un rincón del alma. Está ahí, simplemente. Una herida con unas raíces tan profundas que es difícil extirparlas.

Siempre me he hecho la misma pregunta: ¿Por qué mi padre, por ejemplo, no ha sabido ver en mí, y mostrármelo, mi inteligencia, mi bondad? ¿Por qué no ha visto en su hija una planta, rica, suave, poderosa? ¡Ah! Hay padres que son ciegos. Tienen estrellas entre sus manos y solo ven piedras negras. O nada, simplemente el vacío. Hay padres indiferentes. Hay padres ignorantes.

Esta pregunta nunca he podido contestarla. Ni tampoco en el despacho de un psicoanalista. Puedo deducir pero siempre estaré en la duda y como yo, todos los patitos feos de sobre la tierra. Nunca sabremos exactamente el porqué de esta exclusión. ¿Acaso saber podría solucionar el problema? No creo. Entonces he parado de preguntar.

He dicho antes, Laika, que ser un patito feo es duro. Te diré el porqué. Por ejemplo, todo lo que hace un patito feo está mal hecho, todo lo que dice, todo lo que piensa. Y uno acaba realmente pensando que es cierto, que el espejo muestra la realidad. Es un circulo vicioso que se transforma en habito, en lenguaje interior, en pensamiento. Pero el espejo no es la realidad. Ni tampoco el lenguaje ni tampoco los pensamientos. ¡Pero dile tú esto a un patito feo! El no sabe distinguir entre lo cierto y la mentira. Es un poco como la anorexia. Uno se mira en el espejo y ve un elefante. Dile tú a una mujercita que pesa apenas 40 kilos que lo que ve en el espejo no es lo que ella es...

Es muy complicado y más aún cuando decides entender. Cuando decides que a partir de ahora ya no quieres ser más un patito feo. Cuando piensas: bueno, ahora voy a tomar todos los medios para parar de una vez de ser lo que siempre he sido. Voy a cambiar, voy a ser un cisne y no un patito feo. Eso dice el cuento. Que al crecer el patito feo se transformó en el más bello y extraordinario cisne del grupo. Pero veo que los cuentos no lo dicen todo. Hablan de una manera oscura, es cierto, sobre cambios y verdades sabias, pero no dicen claramente como llegar hasta ellos.

Los budistas dicen que la compasión empieza por uno mismo, es decir que hay que ser compasivo contigo ante y sobre todo. Dice el Dalai Lama que el mejor ejemplo para definir la compasión es el amor maternal. Este amor que es incondicional y absoluto abarca los fundamentos de la compasión. En este amor hay el perdón, la comprensión, la diferenciación, el respeto, la amabilidad, la sensibilidad, la inteligencia. Este amor que es grande como el océano, o como el universo, es compasión. Es presencia y fuerza. Es cambio y lucha. Es don y pasión.

A todos los patitos feos nos falta ante todo compasión, pues, hacia nosotros mismos. Hay que meditar sobre esta fuerza amorosa que yace en nosotros para abrirla. No se trata de eliminar al patito feo sino más bien de abrazarlo. Mirarlo con ojos de madre, con estos ojos que ni nuestros padres ni nuestras madres tenían cuando nos miraban.
21/07/2004 01:06 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

23/07/2004

Gracias a mi padre

Mi padre, que tenia muchos defectos, fue tambien un gran artista. Lo uno no quita lo otro, hay que reconocerlo. Su profesión, ebanista, la transformó en arte.

Los muebles que él creaba eran perfectos, macizos, duraderos. Dentro de cinco siglos, si no hemos desaparecido del mapa, aun estarán presentes estos enseres que mi padre se rehusaba a firmar. Su humildad, en este sentido, era alucinante. Su profesionalidad tambien. Fue un gran artesano. Arcaico, anti moderno, no quiso nunca comercializar sus obras. Murió pobre y desconocido.

Si hablo de mi padre, Laika, es porqué hoy he soñado en su casa. En el sueño la casa estaba habitada por dos mujeres, una madre y una hija. Trajinadas, preparaban una cena y el suelo de la cocina brillaba de un resplandor dorado. Era un suelo de madera, trabajado con mucho arte. Cuando me he despertado he recordado el parqué que mi padre hizo, de rodillas. Nunca le comenté lo bonito que era, nunca se me ocurrió decirle. Mi padre, en aquel entonces, era mi enemigo. Era el dragón con él que yo tenia que luchar, para sobrevivir.

Y es que quieras o nó, el padre es el primer hombre en la vida de una mujer. Es el primer encuentro con este ser tan diferente de nosotras, ¨el sexo opuesto¨, o el otro sexo.

Mi padre fue, pues, el primer hombre de mi vida. Gracias a este encuentro entre su destino y el mío, aprendí a auto-definirme. Descubrí mis fuerzas y mis debilidades. Desarrollé el mundo de las ideas, de la pasión, de la lucha. Aprendí a ser mujer.

Mi padre fue un gran machista. Y hoy, aunque parezca mentira, le tengo que agradecer esta mentalidad que tenía tan obtusa y cerrada, a ratos tan limitada. Mi feminismo viene de mi padre, que no paraba de burlarse de las mujeres y que estaba convencido que habíamos nacido para servir a los hombres y nada más. ¨ Las mujeres en la cocina ¨ decía sarcásticamente. Durante muchos años las comidas familiares fueron forum de discusión entre mi padre y yo. Agudicé la argumentación, las ideas. Fui una experta en peleas verbales.

Pero no todo es tan simple como lo parece, Laika. Si mi padre fue el primer hombre en mi vida, el primer modelo, justamente por esto mismo los hombres que aparecieron en mi ruta se le parecían de una manera muy peculiar. Eran machistas empedernidos, cínicos y, como dicen los anglosajones, un tanto algo ¨morons¨ . Y es que el forum de las comidas familiares lo había trasladado fuera de las paredes de casa, en bares, discotecas, en camas tristes y grises. Una tarda muchos años en descubrir, y a que precio, que a un padre no hay que buscarlo en los brazos de otros hombres. Al padre no se le puede cambiar, ni educar. El padre hay que eliminarlo, punto. El día en el que yo hundí la espada en el corazón de mi padre fue un gran día para mí, una gran liberación. Este gesto simbólico es una de las acciones más difíciles que una niña tiene que hacer para entrar en el mundo de la mujer.

Los padres nos enseñan que no todos los hombres son iguales. Que hay que luchar para ser una persona integra e independiente. El camino es arduo, peligroso, tramposo. Mi padre, perfeccionista, me mostró que la perfección no existía. Me enseño, sin saberlo, a ser fuerte como la madera con la cual él trabajaba. Y esta lección es el regalo mas duro y simple que mi padre me legó.
23/07/2004 15:11 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

27/07/2004

Ojos de perra

¨What does it matter if that dog had such a despised appearance, if its soul was plunged in the ocean of light?¨

Dr. Javad Nurbakhsh, Dogs from a Sufi point of view

Hubo Roble, mitad Rotwailler mitad Golden Retreiver, macizo y fuerte como un tronco de árbol. No era mío pero sí de mi padre que había decidido que sería el guardián del taller. Y gran guardián lo fue aunque bueno como un ángel. Siempre pensé que Roble era el mejor de todos los perros. Me gustaba mirarlo, verlo sonreír, entrar en sus grandes ojos negros que eran toda bondad. Paciente, soportaba con mucha elegancia el mal carácter de mi padre. Pero mi padre, que solo supo darse cuerpo y alma a su arte, no supo amar a Roble. Un día de mi cumpleaños fui a casa de mis padres y ellos me regalaron la muerte de Roble. Dijeron que aquella misma tarde habían ido a sacrificarlo porque tenía una enfermedad de la piel muy grave y que no tenían tiempo ni paciencia de curarle.

Ah, como recuerdo aquel día. Mis dos amigos que me habían acompañado y yo quedamos petrificados sobre las sillas. La furia se apoderó de mí pero seguí quietamente sentada, sin decir palabra. No lloré, no chillé. Miré a mis padres. Los miré profundamente con unos nuevos ojos, una mirada abierta de pronto sobre ellos que era la mirada de Roble, un regalo de Roble que me permitía ver un poco más sobre el corazón del ser humano. Sí, aquel día aprendí mucho, mucho. Por ti, Roble.

Siempre han habido perros en mi vida. Son gente de mi tribu, como suelo decir. Modelos de comportamiento, me gustaría tener su sabiduría y su inteligencia.

En gran parte los perros han sido mis grandes maestros, unos guías que me han ayudado a construir mi personalidad y mi manera de ver la vida. A empezar por la primera perra que tuve, a los 4 años, en Francia. Recuerdo lo buena que era cuando daba a luz y dejaba que los crios del vecindario viniesen a verla. Fue ella la primera que me dejó entrar en el mundo de los perros recién nacidos. La vida que acababa de florecer, en mis minúsculas manos ella, aquella perra sin raza ni pedigrí, me dejó tenerla, descubrirla, me dejó, bajo su sabia mirada, que me maravillase ante tanta suavidad. ¡Ah! Perra de la cual he olvidado el nombre, un día inesperado nos fuimos de aquel pueblo para venirnos a Barcelona y subimos en el coche y te quedaste detrás, enfrente de la casa de mi infancia, abandonada por la familia, olvidada, dejada de lado. Empezaste a correr detrás del coche. ¡Corre, corre perra querida! Hoy, en mi cabeza, sigues corriendo, ladrando y corriendo, sorprendida, y una niña de 6 años te mira desde la ventana trasera de un automóvil que va y va y se aleja y esta niña nunca más volverá a ver tus ojos tristes y buenos, tu cuerpo materno, tu sencillo amor.

Proust viajaba en el tiempo de su memoria no para recordar pero sí para revivir y recrear y así entender mejor. Yo te vuelvo a ver, mi perra querida, corriendo cuando de repente te das cuenta que el coche se va sin tí, y en el coche toda tu vida, toda tu desesperación, toda tu razón de ser. Una niña te mira como de muy lejos, yo sigo siendo aquella niña mirando, pero ahora entendiendo, y tú te vas alejando cada vez más y más hasta ser un punto negro en el horizonte, hasta desaparecer totalmente. Siempre te miraré con los mismos ojos, mi primera perra amada, con un dolor extraño e injusto que se apoderó de mí y que sigue aquí, presente como una luz interior. Es un dolor que me ha acompañado toda la vida, ahora lo sé, como una sombra o como una amiga, y que ha hecho de mí una mujer un poco triste, un poco dura. Y todos estos perros que he amado a lo largo de mi vida, perros de cuatro patas como de dos, si, todos me llevan a ti, perra gris y sola, perra buena y dulce, que corre corre sin parar, perra cariñosa como nadie más, tú que me enseñaste a recibir y a dar. Gracias.
27/07/2004 23:08 Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

29/07/2004

Pincelada

Han venido a la playa para descansar del temblor de la ciudad, de su mecánica inhumana e incesante, para alejarse de los problemas cotidianos, los empleos inseguros, los amantes inconsistentes... lejos, lejos de todo.

- Ivanovich ya no me quiere, dice de repente Luisa.

Una cosa que Ella nota, cada vez que va a la playa, es con que facilidad los problemas más íntimos afloran a la superficie. Debe ser, piensa, que al desnudarse tambien el alma se libera a su manera, dejando rienda suelta a lo que le conmueve o preocupa.

- Y¿ eso?
- Tengo el presentimiento que hay otra mujer en su vida.

Luisa enciende un cigarrillo y en sus manos hay como una tensión apenas perceptible, algo en el movimiento de los dedos, como una insaciabilidad. En tiempo de crisis Ella siempre ha notado que son las manos de su amiga las primeras en mostrar la inquietud, el desasosiego. Quizas esto tenga algo que ver con el hecho de que Luisa es dibujante. Sus manos son su punto más fuerte y tambien su más débil, y las que ante todo reaccionan ante la adversidad.

- Y si fuese cierto ¿qué pasaría? Quiero decir, tampoco es el final del mundo, creo yo...

Luisa la mira de reojo. Me mira como si fuese un bicho raro ya que, desde hace bastante tiempo, en mi vida no ha pasado ningún hombre y no pasa nada. Todo es tan simple cuando no hay hombres en la vida de una mujer.

- Es que no entiendes este sentimiento de traición. Es algo muy fuerte.
- ¿Cómo que no entiendo?
- Además terminar una relación es, para mí, un fracaso. No puedo aceptarlo. Me duele mucho.
- ¡Pero si no tiene sentido! Ya está, ya estás haciendo el gran drama.
- Vale, vale... olvídate.

Estiradas bajo el pesado sol todo parece, de todas maneras, sin importancia. Una historia de amor, un encuentro, una cita. La playa, con su fuerza ocre y perdurable, el mar y su murmullo, relativizan lo personal. En el fondo, muy lejos, se oyen las voces de unos crios que juegan a construir castillos de arena.

Luisa recuerda el día en que conoció a Ivanovich. Fue durante una exposición de pintura japonesa de la época Torii, era jueves, había pocos visitantes en aquella pequeña sala situada en el Paseo de Gracia. Frente a una estampa del pintor Sekiguchi Kiyonaga titulada ¨Casa de té a la orilla del agua¨ Ivanovich se había acercado a Luisa y, con su verbosidad fácil y conmovedora, le había empezado a hablar del famoso pintor y dibujante de artistas y de mujeres elegantes.Ivanovich tenia una manera de hablar muy particular, bajo sus palabras la estampa situada enfrente tomaba vida. Las tres mujeres, una en cuclillas y las dos otras de pie, parecían tomar relieve, se espesaban, se volvían fuertes y vivas. El pelo de las protagonistas relucía, era negro casi azul, muy vital. Los colores de los kimonos se despertaban, el verde, el naranja, el marrón, el morado, los estampados tomaban una textura casi palpable, las rayas y las flores pintadas sobre las telas sobresalían. Un velero, situado en el fondo de la estampa, parecía avanzar sobre aguas tranquilas. En el suelo una pequeña tetera despertaba las papilas gustativas y olfativas. Una mano de una de las mujeres señalando algo a la derecha de la pintura tomaba movimiento. Todo parecía iluminarse gracias al extraño monologo del Ruso que mostraba la riqueza y delicadeza, la armonía, la elegancia en los detalles. Luisa respiraba hondamente, lentamente, se dejaba llevar en un viaje extraño y suave hecho de palabras y colores. Cuando Ivanovich paró de hablar se miraron cara a cara y fue como un gran reconocimiento. A partir de aquella tarde no se habían separado.

- Seguramente no es que haya otra mujer, simplemente el Ruso necesita espacio, y tu tambien, aunque no quieras reconocerlo.
- Quizas tengas razón. Oye, ¿vamos a mojarnos un poco?

Después de nadar un rato se vuelven a estirar. El sol ha cambiado de posición y tienen que mover las toallas. Luisa siente que el agua le ha limpiado un poco el corazón, le ha quitado peso y una cierta amargura. Luego, después de ir a comer algo mexicano, Luisa dibujará algo sobre este día. Una playa muy ancha y de sable fino, un mar espeso y vivo y dos mujeres sentadas mirando el horizonte. Le pondrá un titulo y este será ¨Dos amigas en una playa una tarde de julio.¨
29/07/2004 19:31 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

30/07/2004

Mi tío Ricardo

For certain is death for the born
And certain is birth for the dead;
Therefore over the inevitable
Thou shouldst not grieve.
Bhagavad Gita (250 BC - 250 AD)

Mi tía, que tiene el pelo de plata y la piel ligeramente arrugada es, en mi vida presente, el único contacto que puedo tener con el pasado familiar. Yo la suelo llamar, en mi interior, ¨la llavera de las puertas incognitas¨. Es un titulo que le va bien ya que nunca sé, cuando la veo, que llave sacará ni que puerta abrirá.

Ayer fue una tarde muy blanda, pegajosa, blanca. El sol no había salido, el cielo era gris, un poco tristón. Decidí ir a visitar a mi tía.

Cuando veo a mi tía, y no la veo muy a menudo, siempre me pongo muy contenta. No solamente porqué ella es el único contacto que tengo con lo que se suele llamar la familia, sino más bien porqué veo en ella una gran sabia. Una especie de pequeño Buda.

Como siempre pasa cuando estamos juntas acabó sacando la caja de las fotos.

- Mira, tu tío Ricardo. ¿A que era guapo?

Efectivamente tengo enfrente de mí un hombre interesante, viril. De pié, los brazos cruzados, este hombre que nunca he conocido mira de lado y se puede ver su perfil, un perfil imponente y serio que muestra una gran fuerza de carácter. La nariz rectilínea y los labios espesos, las largas pestañas. Fuerza de carácter pero suavidad a la vez. Si, un hombre muy interesante.

- ¿Tenía novia?

Mi tía sonríe pero no a mí sino a la foto, al hombre que fue su hermano, hace muchos años.

- Pues si. Tenia una chica muy maja, rubia y con el pelo muy largo, tambien era muy inteligente. Los dos hacían una pareja estupenda. Pero pasó lo que paso. Vino la guerra, que los separó. Y después la paz, que los separó definitivamente ya que tu tío estaba herido de por dentro, enfermo. Esta paz que fue casi peor que lo de antes, con sus lentejas y sus miserias, sus muertes, sus asesinatos en masa. Si...

Yo no sé nada, o tan poco, cuando estoy con mi tía. Y la guerra, aquella guerra tan salvaje, tambien es algo que ignoro, como ignoro todo sobre los tíos y las tías que murieron durante aquellos años tan terribles.

- Pero no creas... tambien habían momentos de una alegría audaz, de una alegría espesa y potente como los relámpagos, y cuando tu tío volvió del campo de concentración nos pusimos todos tan alegres, era como tocar el cielo con las manos, como bailar con el sol.

En momentos así, cuando mi tía es poeta y sabia a la vez, yo no me atrevo a mirarle los ojos porqué sé que en ellos vería algo que solo es de ella, algo intimo y bello que no es mío. Entonces me concentro en la foto y escucho su voz, profunda y melodiosa.

Es como ver a alguien llorar. Yo no quiero ver a nadie llorar.

- Se había adelgazado mucho, es normal, había tanta hambre... Pero siguió estudiando, por las noches. No paraba. Y seguía amando.

Mi tía se pasa la mano sobre la frente, una mano oscura y fuerte, unos dedos que han vivido mucho, han tocado mucho, han acariciado mundos y vidas. Mi tío sonríe. Hay energía en esta boca hambrienta. Hay pasión y voluntad de vivir. ¿Por qué, entonces? Se llamaba Dolores, dice mi tía, era una mujer, existía, se movía, reía, pensaba. Gracias a su energía tan vital tu tío llegó a terminar los estudios de física pero la muerte es más fuerte que todo, hija mía. La muerte es como una tormenta. ¿Que se puede hacer cuando hay tormenta? Nada. Solamente esperar a que pase. Las tempestades son como la furia de los Dioses. Y nosotros no somos nadie.

En la foto mi tío sonríe, la misma sonrisa de mi tía, una sonrisa triste. ¿A quien está mirando con estos ojos tan brillantes? Quizas Dolores esta detrás del objetivo. Mi tío, luego, abrirá los brazos y abrazará a esta mujer que lo ama. Se besarán. Es verano y el cielo es azul, así quiero verlo yo. El aire, el sol, el polvo, el agua, todo presente alrededor de una pareja.

- Se quisieron mucho, dice mi tía de pronto. Hasta el ultimo día. Lo llevamos al hospital San Pablo, aquí, y ella no paró de venir, cada día, como una hormiguita trabajadora venía, lo limpiaba, le hablaba del futuro. Él la insultaba porqué no quería que ella viese. Pero Dolores fue una mujer muy fuerte.

Mi tío abre los brazos, son fuertes y potentes como alas de águila. Dolores entra en ellos, se deja llevar. Mi tío me mira y sonríe. Todo pasa y todo es cambio.
30/07/2004 23:32 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


Correo electrónico: elianne(arroba)gmail.com
Weblog alojado en Blogia v.1.0. admin

Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]