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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2004. 06/12/2004Bhopal Un chillido en la noche eres,en mi alma Oh, mi querido y dolido paisaje de desesperación, mi triste y olvidada tierra dónde la indecencia en Bhopal. Como ratas, como escarabajos negros hediondos y asquerosos así fueron los asesinos de mis niños del Bhopal. Y el llanto no calmó el dolor ni la muerte calmó la muerte ni las lagrimas, ni el fuego, Ni la tierra sobre tu faz, mi pequeña del Bhopal. ¡Oh! Bhopal de mis entrañas, los fantasmas se levantan cada 2 de diciembre, salen y aúllan en el corazón en el mío, en el tuyo, en el de la tierra, mi trozo de tierra sin vida, mi Bhopal de blanco y negro. Una nube de muerte y una nube de olvido pero ¡chillar! no paréis de aullar Nunca Nunca esta indecencia inconsolable este Bhopal triste y solitario... Hasta que los asesinos, hasta que los muertos duerman en paz y los vivos puedan cerrar los ojos de mi pobre y tragico Bhopal. escuchando:Ravi Shankar - Ganja Music - Indian Vibes Sitar jam 2 06/12/2004 21:26 Enlace permanente. Hay 10 comentarios. 14/12/2004Mi amigo el gorila Para Sergi, con cariño...De pequeña me gustaba hacer el gorila, sobretodo en casa de mi abuela, en medio de su largo jardín todo desordenado. Laika, no sabes lo bien que me lo pasaba haciendo de gorila. - ¡Ho ho ho ho ho! Y me paseaba medio doblada, mis largos brazos rozando el suelo, como un gorila. Mi abuelita me miraba con una media sonrisa. - Esta niña acabará mal, le decia a mi tío Danny que siempre fumaba puros leyendo novelas policiales en un rincón del jardín, cerca de la entrada de la cocina. - Deja... que los gorilas son muy simpáticos. Yo hacia de gorila cuando me sentía triste, lo que era muy a menudo, o cuando sentía el deseo de desahogar algo dentro de mí, algo que yo no sabia lo que era. Como una rabia, o un deseo. - Ho ho ho ho ho hooooooooo... Los gatos que habitaban el jardín largo y misterioso de la casa de mi abuela, que eran muchos ya que ella los recogía para que no se muriesen de frío o de hambre, me estudiaban con desprecio escondidos detrás de la gran palmera, fuente de sombra situada en medio de aquel mundo verde. Yo era el gorila más bello y fuerte del planeta. Bello y fuerte como el gorila que mi mirada contempló largo rato una mañana de primavera, en una visita con mi tío Danny al parque zoológico. - Aquí tienes el gorila, dijo mi tío cuando nos paramos finalmente enfrente de la inmensa vidriera. El rey de la selva. Si, niña, aquí está nuestro hermano el gorila. Las palabras de mi tío produjeron un gran impacto en mí ya que en ellas sentí como una gran tristeza y a la vez un inmenso recogimiento. Fijé mis ojos en la espesa y voluminosa sombra negra que me miraba detrás del vidrio. Me estaba mirando a mí, directamente en los ojos. Y yo, sin miedo, protegida por la presencia cálida de mi tío, miraba directamente en los suyos. Yo, aquella mañana de primavera verde y amarilla, ligera y suave, con mi tío y mi corazón de niña, sentí una gran alegría al encontrarme cara a cara con el gorila. Una fuerza potente, como la de un trueno, parecía habitar aquellos ojos negros como el carbón, pero brillantes y de una dureza tan humana, tan profunda. Me olvidé de todo, del vidrio que nos separaba, de los otros niños que miraban espantados, de la mano de mi tío que recogía con mucho cariño la mía. Yo sabia simplemente que aquel animal era la bestia más bella que mis ojos habían visto hasta aquel día, aquel pelaje tan oscuro entre el azul y el negro me daba ganas de acariciarlo y de dejarme abrazar, aquellas facciones tan... tan normales, la nariz, la boca, las mejillas... Todo el cuerpo, sus brazos cruzados que me recordaron a los de mi abuelita cuando se enfadaba. Sus inmensas piernas fuertes y espesas como dos columnas. Estaba sentado sobre un tronco de árbol y me miraba. Y en aquel instante sentí que nunca nadie, nadie, me había mirado así, tan abiertamente, ni tan nítidamente. Era como una mirada que me tocaba en lo más profundo de mi ser. Sin muros, sin necesidad de hablar, sin gesto. Sí, una mirada clara, pura. Así lo vi aquel día, y así lo sigo viendo hoy. Después de un largo rato, un rato sin minutos, espeso y suave, mi tío me dijo como desde muy lejos que nos teníamos que ir. - ¿Volveremos? ¿Volveremos a venir a ver al gorila? ¿No se habrá marchado el gorila? La sonrisa de mi tío era muy buena. - Claro que volveremos... cuando quieras. Aquí estará el gorila, es su casa... Nos fuimos y le saludé al gorila con la mano pero él no se movió ni tampoco me saludó. Me siguieron sus ojos un rato y luego volvió a mirar con interés a otra niña que se había parado enfrente de él. Más tarde, adulta y consciente, cuando he ido a visitar a mi amigo el gorila en algún parque zoológico, siempre he sido la primera en bajar la vista. Laika, cuando un gorila te mira, lo que sientes es una gran vergüenza. Y a cada vez yo he aceptado este sentimiento, lo he aceptado además con mucha gratitud. La vergüenza es algo que tendríamos que vivir más a menudo. No haríamos tantas barbaridades si sintiésemos más vergüenza. Hoy recuerdo aquel gorila, el primer gorila de mi vida, el primer contacto con la bondad salvaje, la bestia majestuosa por excelencia. Sus ojos de agua negra nunca han parado de mirarme. 14/12/2004 14:30 Enlace permanente. Hay 11 comentarios. 26/12/2004La sonrisa de mi madre En la foto pareces una actriz de película, el pelo tan negro que tenias, un poco ondulado. Y estos vestidos que llevaban las mujeres de tu época, muy acampanados. Ah, y los tacones...He venido a buscar tus cenizas aquí, en la montaña de Colserolla. Es domingo y hace fresco. Todo está muy verde, es como el otoño aún, nuestro otoño canadiense. A ti tambien te gustaba el frescor, más que el calor. He llevado esta foto conmigo para que me hagas compañía en este trayecto extraño y difícil. Así no me sentiré tan sola. Eras muy guapa, mamá. Y elegante. Y coqueta. Tenias facciones de muñeca. Eras de estatura mediana, llena de una vitalidad sensual. No nos parecíamos en nada, físicamente. Yo era como el padre, decías siempre con hincapié. Esta hija no se me parece en nada, afirmabas. Es como él. Mismo carácter, mismo mal carácter. Un monstruo. Sonríes. ¿A quien? En tu cara suave y dulce hay como una nostalgia, un toque de romanticismo. Ah, madre, madre... De pequeñita yo no podía vivir sin ti. Cuando no estabas, mi mundo se apagaba, perdía su color, se transformaba en algo sin forma, sin fuerza. Eras, en aquellos años, mi vida, mi sol, mi aire, mi agua. Ay, Llydia, me estoy muriendo... Algún día olvidaré aquella habitación y los gemidos de una mujer muriéndose sobre una cama de hospital. Y cuando sea mi turno, será sin madre. En la foto estás soltera. Se nota en tu porte, altanero y libre. En tu mirada directa, en tus ojos brillantes. Siempre he oído lo mismo, que habíamos sido tu desgracia. ¿Por esto nunca he querido tener hijos? ¿Que nunca quise ser una madre? Para no repetir esta maldición, esta cadena familiar. Tenías una boca preciosa y una tez cálida y tierna. Una frente muy ancha, llena de imaginación, de miedos, de inseguridades. Sí, me has transmitido todo esto, la imaginación, el miedo, la inseguridad y la culpabilidad, que tú tambien tenias pero que nunca quisiste asumir. Yo la asumí en tu lugar, esto es frecuente entre madres e hijas. Cuanto amor y odio, odio y amor entre una madre y una hija. Nos hemos peleado toda la vida, ¿recuerdas? Yo era la rebelde y tú nunca aceptaste esta rebeldía. Ni tampoco mi inteligencia. Ni mi fuerza.Pero tu eras más sabia que yo, más inteligente y valiente.Sin embargo, incapaz de ver estas fuerzas en tí, tampoco las viste en mi. Y yo ignoré tu Persona, tu Ser. Siempre luché para combatirte. Hoy, simplemente, me pregunto el por qué. Y no encuentro, en mi profundidad, respuesta. Es un día fresco, casi frío. Y no puedo abrigarte, consolarte, no puedo hacer nada para que me perdones. No puedo reparar el tiempo, que hace hoy de mí tu hija sin madre. En esta pequeña foto en blanco y negro, aún no eres mi madre. Creo que fuiste feliz, en algún lugar, esto quiero creer. Te quiero ver feliz, riendo. Es lo único que deseo, en este domingo parado en el tiempo de mi vida. Que seas feliz. 26/12/2004 17:01 Enlace permanente. Hay 9 comentarios. 30/12/2004Este momento Laika, ven, vamos de paseo, hace tanto que juntas no hemos andado un buen rato. Ven, ven... que hace un sol casi de primavera.La calle está en ebullición, mucho movimiento, nos parecemos tanto a las hormigas... Todos sabemos que las hormigas tienen un modo de existencia muy parecido al nuestro, ¿o será lo contrario? Y aquí van, con paquetes, apresuradas y nerviosas, las hormiguitas de este fin de año. Tú y yo, Laika mi amor, somos las únicas, así me parece en esta mañana clara, que andamos más despacio, como en otra dimensión, un espacio dónde la lentitud es necesaria, tiene su lugar de honor. La brisa es cálida, ya no tiene aquel picante del Viento del Norte. Andar, andar... Mientras tanto mi cabeza da vueltas en una especie de energía mental límpida. Mi cuerpo es una maquina perfecta, y el tuyo tambien, somos dos fuerzas en sincronismo con el entorno, interior y exterior. Siento el pelo como una caricia en la nuca. Me había olvidado del pelo mío, negro y espeso, y de todo el resto. Ahora veo, de repente, lo bonito que es el cielo, tan azul en este ultimo día del año. Y el sol, que se posa con suavidad sobre mi coronilla. Es como una caricia, sí... Las hormigas van, hablan fuerte, mueven energía aquí y allá, los autos parecen bailar una samba, los ventanales de las tiendas brillan de muchos colores, hay esencias en el aire, quizas yo las huelo como tú, como por primera vez. Después de tantos días encerrada en una habitación blanca todo de repente parece vibrar. O quizas es mi corazón herido que lo abarca todo, todo. Saludo con la mano a mi amigo Sali, el hindú de la esquina que vende fruta a buen precio. Pienso de súbito en Asia y el terrible duelo de la tragedia en la que no solamente ellos están sometidos. La tierra ha vuelto a gemir y ahora somos miles, miles que nos unimos a su llanto. Laika, la tierra no solamente se ha movido allí, pero tambien aquí. Es el planeta entero que ha sentido el temblor telúrico. Pero nadie piensa en ello y la vida sigue, sigue. Estamos vivas, Laika, tú y yo, andando en esta calle abierta y simpática. Y de repente me doy cuenta de la presencia intima de este momento, este momento que me parece importante, no por lo que está pasando pero más bien por lo que no está pasando, tomo conciencia del presente de este momento, de su pulso, su espesor y textura, su fragilidad y su fuerza. Andando contigo lo acojo en mis brazos, este momento, en toda su totalidad. Me digo: Este momento es lo que hay. La calle, el sol, mi cuerpo, tu energía, la sonrisa de mis vecinos de barrio, la brisa sobre mi cuello, mis pies en movimiento, el ruido del trafico, los olores que van y vienen como mariposas alegres, los colores de los abrigos, la risa de un niño que pasa a mi lado corriendo, la voz áspera de un anciano hablando con un amigo... Solo hay esto, nada más. Y este momento es la cosa más bonita que hay en mi vida. Mi vida en este instante trasparente como una gota de agua es este momento, toda mi esencia, mi ser, toda yo soy este momento que se deja abrazar como un ser querido, y que me abarca entera, de los pies a la cabeza. Mi vida, mis sentidos, mi corazón... este momento y nada más. Todo de repente en harmonía, sin fisuras, sin estrés, sin dolor. Es lo único que hay, Laika. Y que agradecida me siento de vivirlo. 30/12/2004 22:27 Enlace permanente. Hay 6 comentarios. |
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