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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2004. 02/08/2004Nocturno The pulse of the Negro world has begun to beat in HarlemAlain Locke (1902 - 1934) Fervor is the weapon of choice for the impotent Frantz Fanon Ya ves Laika, con este calor tan pegajoso lo único que una tiene ganas de hacer es leer. Y leer a Chester Himes, uno de mis autores favoritos. Sus novelas de crimen, situadas en Harlem, son exquisitas. Además te diré que hay autores que me atraen más que otros. Con Chester Himes tuve el ¨coup de foudre¨, el flechazo, instantáneamente. ¿Será porque es un escritor negro? Posiblemente. Siempre lo negro me ha llamado. Nada es gratuito. No es casualidad si a los 18 años tuve la ocasión de ir al Senegal, en plena Africa Negra, y me enamoré de Ibrahim. El destino es como una flor gran abierta. ¨La négritude¨ como dicen los franceses, la piel negra, han sido referencias esenciales en mi camino. Chester Himes me reconcilia con este pasado mío que muchas veces he querido olvidar. Hubo un tiempo en que yo quise tener la piel del color de mis hermanas africanas. Luego, más tarde, cuando lo de la barbarie del Rwanda, cerré mi alma a Africa. Pero todo está en el mismo camino, todo lo contiene la misma flor. Rechazo, pasión, que importa, todo es lo mismo. Chester Himes me gusta por su oscuridad profunda. El color de su piel lo hizo, lo creó, lo inventó. Quizas, por el hecho de haber amado tanto a Ibrahim, y luego a otros hombres del mismo color, he podido sentir bastante hondamente lo que es el racismo. Por esta misma razón, entrar en las novelas de Chester Himes es al mismo tiempo entrar en un espacio que es un poco mío, que puedo reconocer sin juzgar, que acepto, que quiero, que me atrae enormemente, un espacio que tengo la impresión de haber recorrido. Un territorio, Laika, que puedo hacer mío. Hace varios años, en un viaje relámpago a Nueva York, visitamos Harlem encapsulados en un autobús. Recuerdo la intensidad de mi mirada sobre aquellas calles malgastadas y sucias, casas abandonadas, esquinas donde se podía percibir una gran miseria con sus prostitutas y drogadictos. Mis ojos lo miraban todo, la soledad y la pobreza, la violencia en los grafitis, en la postura arrogante de un policía blanco con matraca, en los ventanales rotos de las tiendas... El hecho de pasar por Harlem y de no parar y bajar me pareció absurdo. Hubiese deseado estar ahí, que las plantas de mis pies acariciasen aquellas calles sin barrer, llenas de polvo y mugre, arterias de asfalto dónde yo había seguramente andado sobre ellas en otra vida. La impresión de un ¨déjà vu¨ la tuve en aquel pequeño autobús turístico y sentí una gran ternura por Harlem. Mucho tiempo ha pasado, Laika, desde aquel fin de semana universitario. No sé como estará Harlem hoy en día, pero si sé que la miseria no ha desaparecido en Estados Unidos, ni tampoco el racismo. Sin embargo la lectura de las novelas policiales de Chester Himes me unen, de alguna manera, con esta ciudad negra y mítica que el escritor de Missouri ha pintado con gran lucidez y vivacidad y con humor e ironía. Es muy importante esto de la risa cuando se habla de la miseria. En este sentido, Chester Himes lo hace de una manera impresionante, usando estereotipos, utilizando la farsa y las payasadas, jugando con el lenguaje y las situaciones absurdas de la calle con su violencia y su desesperación. Chester Himes sabia de lo que hablaba ya que él mismo vivió el racismo y fue sentenciado a 25 años de prisión por robo. Pero ni el racismo ni la injusticia lograron aniquilar el espíritu creativo de Chester Himes, ni tampoco silenciar la visión que él tenia del negro. Aquí han sobrevivido sus novelas, impecables y dolorosamente alegres. Espera Laika, espera... déjame terminar este capitulo de este libro escrito por un hombre que hubiese deseado tanto conocer. 02/08/2004 22:46 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar. 03/08/2004Pastel de queso y feminismoLuisa ha llegado con su mítico pastel de queso. - Des grosseilles, dice sonriendo. Lo siento pero no quiero traducirlo. Uuuuuy, esta de mal humor, se le nota en el ligero sabor amargo que desprende. Yo puedo oler estas cosas, como que soy una buena perra belga... Pero lo importante es el pastel de queso y sigo a Luisa saltando, al igual que un caballito de circo, mi querida y adorable amiga Luisa con su pastel de queso a las groseilles. - ¡Basta Laika! me chilla Ella. No la escucho ya que lo más importante por ahora es este pastel cremoso y de ligero color violeta que Luisa deposita sobre la mesa del comedor. Nos va a ir bien hincar diente en este buen pastel. Hace mucho calor y es lo mejor que una puede hacer en temperaturas tan altas. Comer, comer, comer pastel de queso. Es el santo de mi Amada ama, hoy. Santa no sé qué. Una santa, dice ella mientras trae de la cocina un cuchillo, dos tenedores y dos platos (¿dónde demonios está mi plato?), una santa muy trabajadora. Pintora. He aquí estos potes de pintura que acabo de comprar. Hoy he decidido llevar bien mi nombre. Vamos a pintar todo el piso. Necesito color en mi vida. - Esto de pintar mañana, dice Luisa abanicándose con una revista que llevaba debajo del brazo. Hoy necesito hablar. Estoy de mal humor. Lo importante, pienso yo, es el pastel de queso que Ella va cortando en silencio. Lo otro, los males humores, las neuras, lo que sea, no tiene significación válida. He decidido quedarme quieta, como la escultura de la loba capitolina. Ni un pelo de mi bello pelaje se mueve. Estoy en espera de un trozo de pastel de queso. - ¿Se puede saber por qué estas de mal humor? Luisa alumbra uno de sus cigarrillos rusos. A este ritmo no vamos a comer pastel ni el año que viene. Decido cambiar mi postura estática etrusco-romana depositando mi pata derecha sobre una rodilla de Luisa. Pero no pasa nada. - Hay dos cosas que odio en este país, amiga. Los toros y el machismo. Es arcaico. No puedo sopórtalo. ¿De qué ha servido la revolución feminista? Ella ríe de una manera un poco irónica. - Nuestro amigo Joaquín te diría que las revoluciones no sirven para nada, en este caso creo que estamos de acuerdo con él. - Y entonces, ¿qué pasa? ¿Vamos a seguir con los toros y el machismo hasta el final de los tiempos? Es patético... En realidad lo que es realmente patético es este pastel de queso que sigue sobre la mesa desprendiendo un suave olor a flores y leche natada. ¡ Que delicioso pastel de queso! La emoción me hace cerrar los ojos. Se me llena la boca de saliva, ahora soy como el perro de Pavlov, el gran fisiólogo ruso, torturador de perros sabios. Es que ver un pastel de queso entero y sin catar es, realmente y simplemente, una tortura imponente. - Las revoluciones sirven para cambiar el mundo digo yo, dice Luisa encendiéndose de mal humor otro pitillo siberiano. ¿Pero como es posible que hoy, en el siglo XXI puedan verse en la calle o en el metro y hasta en las paradas de autobuses, rótulos mostrando el cuerpo de una mujer como objeto? Ni las sufragistas hubiesen aceptado esta situación. Hay un espacio denso de silencio, denso como la temperatura ambiental, húmeda y cargada como una nube a punto de explosionar. Quizas... ahora... ¿el pastel? Suspiro pero es como suspirar en un pozo vacío. Ni mi eco me responde. - Las sufragistas, como dices tú, ya hubiesen salido a la calle con pancartas y estos rótulos ya estarían incendiados. Lo que pasa es que vivimos, como dice Denis Arcarnd, en una era de ¨ comodidad e indiferencia ¨. Es como si la mirada hubiese desaparecido. Nos hemos vuelto ciegos. No vemos nada entonces no pasa nada. Eso digo yo, no pasa nada. El pastel sigue intacto. Reluce, sobre la mesa, de todo su esplendor. Yo solo veo pastel en esta tarde pegajosa de verano. ¡Bof! ¿Qué es un rotulo sexista comparado con un pastel de queso de grosellas? Pues no se puede comparar, simplemente. Ella está jugando pensativamente con el cuchillo. A ver si se decide ya de una vez. - Las manifestaciones en contra de las corridas no sirven para nada. Luchar en contra de los carteles anunciando el cuerpo de la mujer tampoco. ¿Hemos cambiado el mundo por haber chillado no a la guerra? Que yo sepa la guerra sigue... - Pero había que chillar. - Sí, por principio. Y tambien porque estabamos enfadados. Quizas, en esto de la mujer objeto, las mujeres no estamos lo suficientemente enfadadas. Por esto mismo de la comodidad, que es una especie de ceguera. Y la indiferencia, que es peor que un virus. - Estamos inmunizadas a la violencia. Yo, perra belga, tengo hambre. Dice Ella que el calor produce sueños abstractos. Pues yo estoy viendo pasteles de queso por todas partes. El vestido de Luisa, hoy es un gran pastel de queso. Sus manos, trozos de pastel. Los dedos de sus pies pedazos de pastel. En los muros del comedor bailan pasteles de queso de todo tipo de sabores: fresa, menta, banana, cerezas, piña. Llevan sombrero de copa y me guiñan con ojitos negros. Aaaaaaah. - Un rotulo sexista es violencia, sí, dice Luisa con cara de pastel de queso. La mujer ya no es un ser pero un objeto dividido, mutilado, sin mente ni corazón. Pierde su esencia, su ser. - Me estas definiendo al capitalismo. Total, que este pastel está calentándose, ¿lo comemos o no? ¡Palabras divinas! El pastel cortado y los bocados entablados (me han dado un buen trozo para que pare de ladrar) la vida puede seguir su curso normal, con rótulos o sin. Yo, esto de los rótulos sexistas no conozco, los perros no sabemos nada de estas cosas tan extrañas que los humanos inventan para hacerse la vida imposible. Yo, perra belga y sabia, solo conozco lo bueno, lo exquisito, un buen pastel de queso devorado en compañía de dos feministas. Esto sí que vale la pena. 03/08/2004 16:47 Enlace permanente. Hay 5 comentarios. 06/08/2004RecuerdoLaika, escucha... Erase una vez un niño. El día había nacido un poco gris, con grandes nubes que parecían osos polares. El niño, que tenia un pelo muy negro y unos ojos rasgados como los de un gato, se puso a andar. Salió de casa muy contento porqué iba a la escuela y le gustaba mucho estudiar. Cada mañana, que hiciese sol o no, el niño cantaba una canción, una canción que solo él conocía, una canción sobre gatos y perros jugando con una pelota rosa y amarilla. El niño se llamaba Tuchiru, llevaba el nombre de un actor muy conocido que su padre admiraba mucho. Tenía 11 años este niño de pantalones cortos y su camiseta llevaba un dragón pintadito en el lado del corazón... Y de pronto estalló un gran silencio, un silencio eterno de polvo y ceniza. Un silencio eterno sin sueños, sin niños con dragoncitos ni pantalones cortos. Sin calles con gatos y perros jugando con una pelota. Esto ocurrió hace muchos años, en un lugar dónde a veces voy por las noches, cuando me siento triste y sola. Esto pasaba y pasa en mi corazón en aquella isla sin pájaros. Si, Laika, esto ocurrió en Hiroshima. Hiroshima. The New Dictionary of Cultural Literacy, Third Edition. 2002 Hiroshima (heer-uh-SHEE-muh, huh-ROH-shuh-muh) A Japanese city on which the United States dropped the first atomic bomb used in warfare, on august 6, 1945. 06/08/2004 16:27 Enlace permanente. Hay 3 comentarios. DeseoTry to guard them, poet, however few there are that can be kept The visions of your loving. Set them, half hidden, in your phrases. Try to sustain them, poet, When they are roused in your brain At night, or in the glare of noon. Cavafy En el sueño un hombre me desea. Es, simplemente, una historia de deseo que me llena de alegría y felicidad. Y al despertarme soy agua y luz. Todo el día he pensado en el deseo. En las veces que he vivido esta energía tan potente. En los hombres que han despertado en mí este fuego incandescente, único. Y por qué con ciertos hombres sí y con otros no. En la lección del deseo en la vida de una mujer. En mi vida. Recuerda, amigo... No hace tanto tiempo. Estuvimos juntos unos días de verano, quizas era en agosto, aquella cama que yo abrí, de un tirón, y tú me esperabas con tus brazos abiertos. Y me abriste mis brazos, y más que mis brazos. No solamente el cuerpo me abriste pero mucho más, mi corazón y hasta mi alma. El deseo... El deseo entre un hombre y una mujer. La llegada de esta energía que hace que en nuestras miradas aparecen estrellas y nuestra cabeza es la tierra que da vueltas y vueltas... Esta fuerza que une cuerpo y alma a la vez. En la mente, en la piel el deseo vibra y hace vibrar. Hay juego, cuando un hombre y una mujer se desean. Hay mareo. Hay risas. Y los sentidos, todos, se despiertan y vuelven a nacer el hombre y la mujer. Era una cama muy ancha, muy larga. Tú habías llegado de muy lejos, apenas nos conocíamos. Y de repente, entre las sabanas, te reconocí. ¿Será el deseo fuego abrasador? Llama que enciende una luz interior y es como si todo se dejase ver como la primera vez, con la misma inocencia de antaño, con la misma sorpresa. El cuerpo se despierta después de un largo invierno. El deseo es primavera, es amanecer. Uno anda sobre una tierra húmeda, rica, materna y fuerte. Los besos entonces son palabras de la brisa. Besa, bésame hasta que me olvide de quien soy. El deseo borra la memoria. Solo gime este presente, este momento entre tú y yo. Esta unión inefable. Este contacto entre lo divino y lo carnal. Aquel verano, recuerda, hice el amor como con la vida misma. Mi cuerpo se expandió y me abrió mi universo interior. Crecí, gracias a ti. Mira, mira, no tengas miedo de mirar como se aman el hombre y la mujer que se desean... Ve como de repente las manos acarician con más profundidad y delicadeza, como manos de músico, y estos cuerpos que bailan en unión, en conjunto, al mismo ritmo. Ya no hay batallas, diferencias, lucha. Hay, al fin y sobre todo, armonía. El deseo que nos unió, aquellos días tan extraños, fue una enseñanza sabia y bella. Aprendí que mi piel era suave, buena. Que mis ojos podían brillar como la luna. Que mi cuerpo era el instrumento más rico de sobre la tierra, fuerte como un árbol, resistente como el agua, vibrante como el sonido. El deseo hizo de mi cama un prado verde, vivo. Lloré, chillé, reí, gemí... Y nunca, nunca me sentí sola. Tú, amigo mío, fuiste mi guía. 06/08/2004 23:05 Enlace permanente. Hay 2 comentarios. 07/08/2004El detalle... Y luego, Laika, tres días mas tarde tiraron otra bomba atómica. Esta vez fue sobre Nagasaki. Nagasaki, puerto importante. Era el 9 de agosto de 1945. A veces dice la gente que es mejor olvidar el pasado. Quizas tienen razón, quizas no. Todo depende de lo que buscas. Proust, este experto en el viaje atemporal, no quería la verdad. El sabia muy bien que no existe una única verdad. Impresionista, Proust iba en busca de tonos, luces y ambientes para reconstruir un decorado que le diese una visión un poco más clara y de este modo entender con más nitidez. Pero siempre desde un centro intimo, desde su mundo interior. No quería verdades universales ni entendimientos históricos. Cuando miro Hiroshima o Nagasaki no quiero que me den datos militares. Ni tampoco cifras absurdas a mi entendimiento. Dicen que murieron unas 75 mil personas aquel 9 de agosto. Y en Hiroshima unas 140 mil. El detalle solo cuenta, el detalle. ¿Pero dónde está el detalle en una cosa tan monstruosa? ¿Tan titánica? ¿En este horror como sin fin? ¿Cómo encontrar este detalle que nos golpeará la frente y nos hará callar? Este detalle que nos dirá que ya no sirven las palabras. En una revista de fotos de Life un día vi una foto que me hizo callar. De nada me servían mis recriminaciones en contra de la guerra del Vietnam, ni mis discursos antimilitaristas, ni mis argumentos por la paz. En la foto había simplemente una lapida y una mujer abrazaba la lapida llorando. El silencio de la foto me hizo callar. Todo el horror de la guerra estaba en aquella foto, en aquel pequeño detalle de la condición humana. Cuando pienso en Hiroshima y en Nagasaki no encuentro nada. Es demasiado grande. Me pasa lo mismo cuando veo algo sobre los campos de exterminación nazi. La mente rehusa, se niega a entender. Al principio apartaba la mirada, o cerraba los ojos. No quería ver. Y un día ose mirar. Pero busqué el detalle y lo encontré en los ojos de un prisionero. Se veían muchos, estaban en grupo detrás de una reja y fijaban el objetivo de la camara. Y solo miré a uno, y viéndole me callé. Entré en el silencio del detalle. Pero Hiroshima y Nagasaki... ¿Dónde encontrar el detalle en medio del infierno? Las cenizas, el llanto de la tierra que acaba de morir, de repente. Hay una película muy bonita que habla de este tema, es decir, de cómo llegar al otro, al otro que ha sufrido lo que la mente no puede captar. En Hiroshima, mon amour Alain Renais logra entrar en el detalle. Y este descubrimiento del detalle pasa por el amor. Si no hay amor no hay visión. El amor es la llave que abre las puertas del entendimiento. Hiroshima, mon amour es la historia de una mujer que busca. No solamente entender lo que ha pasado y el porqué, sino tambien como seguir viviendo con Hiroshima. Qué es Hiroshima. Y para encontrar un sentido a ello esta mujer tendrá que buscar dentro de ella otros Hiroshimas, quizas porqué Hiroshima es un espejo gigante que nos muestra el detalle en grande. La intolerancia, el racismo, el sadismo. Todo lleva a Hiroshima. La ignorancia, la miseria mental nos traen a Hiroshima. El despotismo, el nihilismo, el fascismo, Y hasta la condición humana nos muestran Hiroshima en toda su incandescencia dolorosa. Hiroshima, mon amour habla de humildad y de compasión. Un hombre y una mujer se aman y esto aunque haya existido Hiroshima. Él es japonés, y ella es francesa. En el fondo todos estuvimos en Hiroshima, todos estaremos en Nagasaki. Y, Laika, si no entendemos esta simple verdad seguirán habiendo Hiroshimas y Nagasakis. 07/08/2004 21:48 Enlace permanente. Hay 1 comentario. 10/08/2004Diseño verdeLa forêt est un état d´âme. Gaston Bachelard Son unos días de mucho calor. Tanto, que apenas se puede respirar. La humedad es pegajosa y densa. El aire apenas corre. Salgo a la calle porqué en casa me siento agobiada. Son las 3 de la tarde, y bajo el sol tengo la impresión que la tierra a mis pies es fuego. Me voy al viejo Barcelona. Entro en la primera granja abierta, no hay muchas en el mes de agosto que funcionen. Pido una horchata. Aunque me gusta mucho la soledad, estos días siento la ausencia de Javi, de viaje al Pakistán. Me añoro de su gran humor irónico y de sus payasadas. De la risa medicinal que produce en mí el estar con él. De las largas conversaciones sobre literatura y cine que hacen de nuestras noches un debate constante. Y de nuestra cama que ahora me parece un ancho campo desierto. Abro el libro que estoy leyendo, The Cruel Way de Ella K. Maillart. De repente una mano se posa levemente sobre mi hombro. Levanto la cabeza. Es Pedro. Con uniforme de Mozo de Escuadra Pedro parece mas alto. El color de la tela de su camisa le hace resaltar sus ojos negros, que me miran sonriendo. Esta muy guapo, en realidad nunca lo he visto tan guapo. Una gran calma emana de su figura. Se quita la gorra y su pelo se ilumina por el sol que entra con gran fuerza del ventanal, a su espalda. - ¿Cuántos ladrones has atrapado hoy? Su risa, que me ofrece sin dejar de mirarme me suena a cascabeles. Es ligera y cantante. - Más que ladrones son turistas que vamos recogiendo del suelo. Con este calor caen como moscas. ¿Y tú? ¿Qué haces por el barrio? ¿No estarías mejor en la piscina? El cuerpo de Pedro yo ya lo he entrevisto entre las aguas azules del gimnasio de nuestro barrio. Ahí conocí a Pedro, una mañana de invierno. Tiene un buen dorso y unos buenos brazos y aquel día me había quedado mirándole largo rato, yo que casi nunca ni miro ni veo a los hombres en general. Dentro del agua todo él resoplaba energía y fuerza. Y ahora esta enfrente de mí, alegre y simpático. Sus brazos reposan sobre la mesa que nos separa. El vello de su piel, ligero y suave. Siento como un pequeño estremecimiento. El calor me hace ver cosas que nunca quiero ver. - Estaba agobiada. Además Javi está de vacaciones y, francamente, el piso me pesa. - Si, dice Pedro pasándose la mano sobre la frente que tiene húmeda. Hace un calor espeluznante. De repente me siento muy relajada y bien. Pedro sigue mirándome detrás de sus ojos, dos piedras oscuras y brillantes. ¿Es mi imaginación o es que Pedro me esta estudiando de una manera un poco indiscreta? He aquí sus ojos posados, el espacio de un segundo infinito, sobre mi cuello, mis clavículas, los hombros, mi pecho, mis brazos. Todo esto mientras hablamos del Pakistán y de la señora Maillart. Y yo tambien lo miro y veo cosas de él que nunca me había fijado: su sonrisa que más que simpática es sensual; su nariz, rectilínea, perfecta, que le da un aire ligeramente canino a toda su faz; su cuello donde resalta una vena. Súbitamente me siento muy acalorada, como si el fuego exterior se hubiese incrustado bajo mi piel. - Amigo, me tengo que ir, ya deben haber abierto el museo de Picasso. Nos levantamos y me acerco para besarle la mejilla. ¿Y si en vez de la mejilla le besase el borde de su boca? - Olvídate de Picasso y ven conmigo, he acabado mi turno. Tengo la moto, te llevo de paseo. El asfalto, fuera, arde. Hay muy pocos transeúntes y las calles del barrio Gótico parecen salir de un cuadro de Canaletto. La luz y el vacío, la perfección estática de la iluminación del cielo tan ocre, el silencio. Nos dirigimos hacia la Plaza San Jordi, casi vacía. Una viejita vestida toda de negro pasea un pequeño perro. Cerca de la entrada de la Generalidad Pedro saluda de la mano a un compañero, vigilando bajo el sol. - Siempre llevo un casco extra, dice Pedro poniéndomelo sobre mi cabeza. Te voy a llevar en un lugar mágico. Te gustará. Hace tiempo que no paso por ahí. El tiempo para cuando estas subida sobre una moto abrazada a un hombre. Es lo que me digo mientras Pedro avanza sobre Diagonal y luego coge una calle rumbo montaña. Las avenidas de Barcelona, pienso, son muy románticas ya que aceptan la luz del sol con tanta armonía. La espalda de Pedro vibra bajo mis manos. La moto hace apenas ruido. Tambien me digo que podría estar así todo el resto del día, a caballo con mi caballero. No volver a casa, a mi piso. Quedarme aquí, con Pedro. Sin preguntas ni respuestas. Hemos subido muy arriba y finalmente tomado una pequeña carretera. El aire es fresco. El paisaje muy verde, de un verde oscuro, pasamos por una especie de gran bosque. Al cabo de un rato Pedro entra en una pequeña bifurcación. Hemos parado enfrente de un camino muy estrecho. Bajamos de la moto. - Cuando me separé de Joanne solía pasar por aquí. Este camino que ves es muy largo, en realidad no he llegado nunca al final. ¿Te apetece andar un poco por él? La tierra es marrón oscuro, color de piel morena. Andamos en silencio rodeados por unos grandes arboles muy altos y delgados. El aire es fresco y apaciguador. El silencio inmenso, como una gran capa. El sol a veces aparece entre las ramas y las hojas de los arboles. De vez en cuando se oye el canto de un pájaro. Por el suelo puedo ver entre rocas y tierra pequeños brotes de flores silvestres. El camino es irregular, a ratos sube a ratos baja. Sobre él hay piedras, trozos de madera, ramas muertas y secas. - Parece un bosque abandonado. - Lo es, contesta Pedro. Todos los bosques, casi hoy en día, están abandonados. Es una pena, pero es así. Es el mundo en el que vivimos. Hay mucha ternura en la voz de Pedro y me doy la vuelta para mirarle. Pedro tiene los ojos fijados en la cúpula de un pino. - Ya casi no hay pájaros ni animales. La voz del bosque se va apagando lentamente, sin que nos demos cuenta. Vamos avanzando en silencio. Algunas raíces de los arboles están salidas de la tierra y muestran su desnudez de color claro. Puedo ver hormigas pasearse por el borde del camino. Tambien una mariposa amarilla pero muy pequeña. - Mira. Pedro me muestra con la mirada un árbol muy alto y espeso de tronco. Es un árbol ancho y tiene la tez gris oscura. Sus ramas, retorcidas, suben hacia el cielo y están llenas de unas hojas que parecen manos verdes. Nos dirigimos hacia este árbol que debe ser muy anciano. Está un poco en el interior, tenemos que entrar en la espesura del bosque. Pedro me coge de la mano cuando tenemos que subir sobre un montón de viejos troncos rotos y en putrefacción. Me acerco al árbol y le acaricio el tronco. Es muy suave, como cuero. Apoyo mi frente sobre esta capa de madera. Es como apoyarse sobre el vientre de un oso. Oigo la respiración profunda de Pedro, al lado mío. Me doy la vuelta reposando la espalda sobre el árbol. - Quiero energía, digo. Pedro me besa. He cerrado los ojos. Acaricio sus hombros y sus brazos y tengo la sensación que mis manos tocan otro árbol. Los ojos de Pedro, cerrados. Sus pestañas son muy largas, sus ojeras tiernas y tristes. Mis labios acarician esta cara tan bonita que bajo el viejo árbol parece de un animal salvaje. Me ha quitado con mucho cariño la blusa, el sostén. Siento, desnuda, la energía del árbol sobre mi espalda. No me duele esta madera que me aguanta mientras Pedro ha apoyado todo su cuerpo sobre el mío. Me he quitado los jeans para que Pedro pueda abrirme con sus dedos inteligentes, pueda olerme en este bosque verde y oscuro. Estoy húmeda y fresca como la tierra que nos rodea, llena de vida, llena de energía y humus, Pedro desnudo y los besos como alas de mariposas y las caricias como roces de estas hojas que nos protegen, parasol de inmensa belleza. Pedro me levanta una pierna, entra en mí con su semen y su vida, y el árbol mira y escucha. 10/08/2004 21:09 Enlace permanente. Hay 1 comentario. 11/08/2004PresenteIn eternity there is indeed something true and sublime. But all these times and places and occasions ares now and here. God himself culminates in the present moment, and will never be more divine in the lapse of all the ages Thoreau,Walden Laika, dicen que meditar calma y da energía. Lo que sí sé es que cuando medito yo siento la calma en mí y entonces el buen humor me acompaña. Pero meditar es mucho más que calma y energía. En realidad uno medita para centrarse en el presente, este presente que se nos va de la mano, ya que los seres humanos somos como las hormigas, no paramos nunca. Nunca estamos aquí. Nos duele parar. Confundimos quietud con vacío. Cuando es lo contrario. La quietud es el presente que se nos aparece con toda su fuerza y claridad. ¿Sabes lo que he hecho esta mañana, Laika? He abrazado a mi compañero como si nunca más pudiese abrazarlo. Lo he cogido en mis brazos a este hombre de mi vida, a esta fuerza, a este acompañante y amigo. Como sí nunca más. Como si fuese la ultima vez. Presente. Aquí y ahora. Lo único que cuenta, lo único que vale, lo único que está. Este presente. Que difícil es vivir el presente. ¿Tanto miedo nos da? Meditar es estar aquí y ahora. Escribir tambien. Jugar... Cuando te veo correr, Laika, cuando te veo reír con tus amigos, cuando saltas y cabriolas, estas presente. Y estando aquí, ahora, no hay miedo, no existe la angustia, ni el temor. Ni pasado ni futuro. Si, Laika, tú eres un pequeño Buda. Tu sabes vivir en el presente, y disfrutarlo. Pero que difícil es estar en el presente. Entre recibos, pagos, el trabajo y los amores, entre la duda de lo que somos, o la duda de lo que hemos sido y la duda de lo que seremos. No sabemos que estar presentes ahora y aquí es una certitud, una fuerza indestructible. Que difícil es disfrutar este momento único, que nunca más vendrá. ¿Quién nos dice que estaremos aquí dentro de un minuto? ¿Quién nos puede asegurar que mañana abriremos los ojos y veremos el sol? Mañana no existe, no existe ni la hora que viene, ni el minuto que sigue. Solo este ahora, este momento. Aquí estoy. No hay nada más. Que difícil es saborear cada instante como si fuese el único, lo que es. Cuando como, cuando amo, cuando veo, cuando siento. Cuando respiro... En realidad sólo hay esto, esta respiración. Laika, quiero ser como tú. Un animal presente a todo, en este momento. Estando en este aquí y en este ahora lo veo todo con más claridad. Mi mirada se abre. Mi cuerpo se relaja. Te veo, presente. Eres una luz única y buena. Me enseñas lo que tengo, este mundo y esta vida. Me aprendes a respetar este mundo y esta vida. No hay nada más. Ven, Ven... Laika, ven que te abrace en este presente magnifico y único, en este momento eterno, sin barreras ni fronteras, en este ahora que me une a ti, mi buena perra, ven que te abrace como si nunca más. 11/08/2004 21:06 Enlace permanente. Hay 4 comentarios. 13/08/2004La siesta En Provence, le soleil se lève deux fois, le matin et après la sieste. Yvan Audouard Es de tarde y el comedor está en la penumbra. Las persianas, verdes, semi bajadas, dejan entrar una luz ocre oscura. Sobre el sofá está estirada una mujer, un brazo sobre la frente. ¿Estará durmiendo? En el suelo hay un gato, Salem, y a su lado, Laika. Laika, apuntando con su hocico el posterior de Salem: ¡Eh! ¡Levanta! Salem, moviendo la cola con languidez: déjame en paz... ¿No ves que es la hora de la nada? Laika, insistiendo: Yo quiero jugar... Salem, ronroneando: Es la hora del vacío, de la siesta... ¿No sientes la quietud que nos rodea? Es como un visillo amarillo oscuro, no pasa nada y todo baña en una paz sin limites. Hay un largo silencio. No se oye nada, apenas la respiración de los tres seres que reposan en este comedor de un pequeño piso situado en una gran ciudad. Estamos en agosto, un agosto espeso y húmedo. Laika, suspirando: Es que me gusta tanto jugar. Cuando juego me olvido de todo, de la pesadez del día, de la tristeza que a veces veo en Ella, de su inconsolable búsqueda de no se qué... A mí jugar me calma y me hace sentir feliz. Salem, estira su largo cuerpo: Vale, vale... ¿Pero no ves que ahora es el momento de tomar energía? Apenas se oye el murmuro de la calle, estamos aquí como en una bola de agua. Oye su respiración, es lenta y tranquila. Laika: ¿Crees que esta durmiendo? Salem, cierra los ojos y bosteza: No, no está durmiendo. La siesta no es el sueño de la noche. En esta hora como fuera del tiempo, como flotando en el espacio, uno no duerme, uno se apacigua. El cuerpo pierde consistencia, la mente, las ideas... Ah, perra tonta, a los gatos nos encanta la siesta y por algo será. Laika, mira con tristeza en el vacio: Yo nunca puedo reposarme enteramente. Cuando duermo es siempre de un ojo y las orejas en alerta. No hay paz entera para un perro porque siempre estamos vigilando, cuidando, protegiendo. Salem, como medio dormido: ¿No ves que ahora no hay ningún peligro? Escucha, escucha esta quietud, esta calma que todos los grandes sabios aconsejan para lograr la felicidad. Aquí está esta calma, ¿No la oyes? Laika, sorprendida: No, no oigo nada. Salem, abre un ojo: Si no estás en la calma no puedes oír su voz. Es una voz muy intima, sin palabras, sin eco. Habla de lugares sin tempestades, ni ruidos, ni movimientos. Sobre el sofá el cuerpo de la mujer se da la vuelta, deja escapar un ligero suspiro. Laika, seria: Hablas demasiado, la vas a despertar. Habla bajito, deja que repose su cabeza y sus ideas... Salem, murmura: Eres tú quien me hace hablar. Laika: Shhhhhhh El silencio del comedor es intimo y suave. En la penumbra se pueden ver las formas pero como sin definición. Todo está suspendido, hasta el mismo aire, hasta la misma respiración. Los bigotes de Salem apenas se mueven. Salem, languidamente: Me gusta esta hora robada al tiempo. Mi mente se vacía y siento mi cuerpo vibrar. La sangre corre, pero con lentitud. Es como tener fiebre pero sin dolor. Sueño... estoy en un campo muy, muy verde claro, hay mucha luz que cae del cielo, una luz amarilla y fuerte. Oigo los pájaros, oigo las ardillas, y algunas moscas. Miro, todo es tan simple. No quiero ni moverme, soy un espectador pasivo. El corazón late con tranquilidad. ¿Estoy vivo? Tengo sueño... Laika suspira. Reposa su cabeza sobre sus patas delanteras y suspira. Poco a poco siente una pesadez en los ojos. Laika:: Si no puedo jugar entonces esperaré quieta. Dejaré que los minutos floten, sin fuerza ni insistencia. Dejaré que el tiempo pase con tranquilidad, sin apego. Que mi cuerpo pierda poco a poco su nervio, que mis músculos se relajen y sentiré el pulso de mi corazón, únicamente el pulso. Ah, sí... La mujer sigue estirada, sin moverse. Que paz, piensa. Como dar gracias a esta paz. ¿A quien he robado este momento? A nadie. Mi cuerpo apenas existe, mi mente son mis ojos que no ven nada. Oigo ruidos, pero vienen de muy lejos. El gato, la perra, duermen a mis pies, me acompañan en este silencio que pronto, demasiado pronto, amanecerá en otra vida. Ah, pero por ahora solo quiero esto, que dure, que dure esta siesta bendita. 13/08/2004 18:06 Enlace permanente. Hay 4 comentarios. 21/08/2004Calor, calor... Hace mucho calor, Laika... Son días amarillos y espesos y el cuerpo es como una fruta húmeda, mojada... Se abren los poros, la piel vibra. Todo baña como bajo una espesa nube dorada. Flotamos, respiramos con más lentitud. El ritmo cardiaco cambia, tiene que ajustarse a este clima bochornoso. Tanto calor me aturde y atonta. La mente divaga. Es como tener fiebre mental. Los recuerdos aparecen un poco indecisos, como tímidos. Cierro los ojos... Maggie me sonríe pero solamente de sus ojos tan verdes. Se da la vuelta y contemplo su ancho cuello suave y moreno. Dice: - Esta playa parece la espalda de Dios. En ella me quedaría siempre, siempre... El sol está en su punto zenit y el mar va y viene como bailando la samba. Hemos estado escuchando todo el día a Antonio Carlos y me siento romántica. Yo tampoco me iría de esta playa, nunca, nunca. Estirada sobre la arena ocre y lisa me olvido de todo, todo. Del hombre de mi vida, de mis perros y gatos, de mis libros. Ah, el tiempo pasa, pasa... y que pase, pase. No, no quiero abrir los ojos, Laika... que Juan me está mirando con los suyos,oscuros y felinos. Es otra playa, en otra vida, una playa un poco aislada del pueblo, escondida entre dos montes de rocas negras, una playa materna y cariñosa, muy suave y tierna la arena y el mar entre verde y azul. Yo estoy estirada y siento que mi corazón está en su punto zenit, latiendo fuerte, fuerte. Los dedos de Juan ríen sobre mi piel morena y me gustaría que siempre fuese así, así. Mi piel húmeda y alegre y nada más, nada más. Bailar, así, sobre un campo de oro. Ah, oro fue este amor aquel verano, verano... Espera Laika, espera... mira que estoy viendo a Jasmine correr cerca de las olas y su cuerpo largo, tan parecido al mío, parece de agua, agua. Y se acerca hacia mí, cristalina y ligera y me dice: - Hay peces que quieren jugar, ven a jugar amiga. Me levanto y siento mi cuerpo en su punto zenit, fuerte, fuerte. El mar acaricia mis tobillos y chillo de alegría. Si siempre fuese así, tan simple, simple. El agua del mar me abraza y me siento hija de este espacio grande como mi cielo interior. Que refrescante es la vida a veces, a veces. Deja, Laika, que el calor me emborrache un poco, poco. Otros días vendrán, ya lo sé... Pero ahora estoy tan bien, bien... Deja, Laika, deja... Es verano y hace tanto calor, calor... 21/08/2004 18:35 Enlace permanente. Hay 2 comentarios. 23/08/2004La risa, simplemente... Mieux est de ris que de larmes escripre, pour ce que rire est le propre de l´homme.Rabelais (1483, 1553 ) Laika, mira esta foto. En ella se puede ver una cara de un señor con rostro de payaso. ¿No ves? Es mi viejo profesor. Desde que terminé mi licenciatura no lo he vuelto a ver. Fue, el señor Parc, mi mejor pedagogo, el más integro y, creo, el más inteligente. Un trimestre seguí un curso sobre Rabelais, con mi querido maestro. La chica que empezó las clases no era la misma que las terminó. En el periodo de tres meses Rabelais y el señor Parc me enseñaron muchas cosas. La más importante: lo necesaria que es la risa. Hay que reír, Laika, hay que reír. La risa, decia el señor Parc, cura el alma y ayuda a guardar la mente sana. Riamos, pues. ¡Abrir el libro y empecemos! Fueron unas semanas intensas y bellas. Reíamos, los alumnos, como crios, felices y serenos. Al entrar en la clase las paredes desaparecían y emprendíamos una marcha intemporal por la vieja tierra de Rabelais, La Loire. Con Rabelais como guía. Con mi viejo profesor como interprete. Decia el señor Parc: - Cuando Rabelais estuvo de medico en Montpellier, los archivos del hospital muestran que hubo menos decesos y más curaciones. Era un medico que hacia reír a sus pacientes. Su obra, desde su famoso Pantagruel hasta El Quinto Libro, es un estudio intensivo sobre la condición humana pero con la risa como personaje principal. ¨Es verdad, dice Rabelais, que este libro no es perfecto menos en materia de reír. Mi corazón no puede elegir otro tema ya que veo en que pena os encontráis. Mejor tratemos el tema de la risa que el de las lagrimas ¨ El sufrimiento y la muerte del hombre; las torturas que se les hacían a los presos, la guerra, el poder, la moda, la filosofía, la inquisición, la educación... De todo habla Rabelais y todo es materia para reír. Y en exceso para que podamos verlo mejor y entenderlo. La política, lo social, la religión, el matrimonio, Rabelais no se olvida de nada. Comer, beber, follar, cagar, ver, tomar, amar, odiar, matar, nada en absoluto es dejado de lado. Crudamente y sin mascaras. La tierra, el fango, el humus, el semen, los excrementos, la sangre, la vida. Rabelais nos abre no solamente el alma para curarla de sus peores temores. Nos abre las vísceras y nos muestra, riendo, de que materia estamos hechos. Nuestro siglo, el siglo XXI no es más tranquilo que el siglo de Rabelais. Pero hemos perdido, Laika, el sentido de la risa. No sabemos utilizarla para ayudarnos a vivir. Para criticar y mostrar. Para señalar y apuñalar. Pero tenemos que reír, Laika. Se me vienen a la mente tres artistas que me recuerdan vagamente a Rabelais. Son tres cineastas que han sabido utilizar la risa para compensar el dolor y acariciar el alma herida. El primero, un italiano, Fellini. Es cierto, sus películas son muy ¨rablesianas¨ por sus excesos y sus temas terrenales, la madre y el sexo, los hombres y las mujeres, el amor, el circo. La soledad y la desesperación desaparecen al ver una película de Fellini. Ríes. En el mundo de Federico Fellini, la risa es como la tierra que se abre y te abraza y te cura. El otro artista es español, Luis Buñuel. Buñuel, como Rabelais, ríe de todo, a su manera. Del machismo, de la religión, del poder, de la muerte. Hasta en sus películas más melodramáticas que realizó en México, la risa se encuentra escondida detrás de la rigidez de los personajes que actúan como autómatas, en medio de un decorado sobrio, casi oriental, como si estuviésemos viendo un teatro de marionetas. Pero la violencia y lo absurdo tienen una presencia constante en las películas de Buñuel y hay que reír de ello para verlo y reconocerlo. Y el ultimo artista es Buster Keaton, el mejor cómico del cine mudo, maravilloso acróbata y excelente payaso que supo reír y hacernos reír del ser humano, del amor, de la pasión, del machismo, de la guerra, del patriotismo... Parc nos aconsejó, al terminar el curso, que en cualquier momento de desesperación abriésemos la obra de Rabelais. - Entrar en ella, decia, dejaros llevar por la risa, por la exageración y las bufonerías, por la fiesta y el carnaval. Y no olvidéis que no hay nada mas serio que Rabelais. Aquí tengo el libro, Laika. Mira lo viejo que está, lo usado, lo querido. Es mi Biblia y mi amuleto. Es un libro que no cambiaría por nada del mundo. Ya ves. 23/08/2004 12:52 Enlace permanente. Hay 4 comentarios. 27/08/2004Vigilia De temps à autre, on a envie de s´arrêter. Exprimer le réel est chose ardue. Mais quand on se met en tête de vouloir exprimer l´existence, on risque de ne rencontrer que l´inexistant.Frantz Fanon Cada vez que veo algo sobre la Segunda Guerra Mundial se crea en mí como una especie de silencio dorado. Pierdo mi realidad, Laika, y ya no estoy aquí. Me he transportado en el tiempo. ¿Qué pasa? ¿Dónde estoy? Todos tenemos, estoy segura, un lugar dónde nuestro doble vive, anda, ama, sufre. Para unos su doble puede encontrarse en una pirámide egipcia, para otros en la Edad Media, o el Renacimiento. Tuve un amigo senegalés que estaba obsesionado por el juicio de Nuremberg como si él lo hubiese vivido hasta en las entrañas. Otro compañero de trabajo sentía un gran amor por París y decia que cada vez que iba a visitar la ciudad de las luces era como encontrarse a sí mismo. Mi doble, Laika, vive en un lugar espacioso y vago como es el espacio de la segunda guerra mundial. En un terreno que a lo largo de los años de mi vida he ido asimilando, queriendo. Una tierra de agua y de sangre pero viva y cálida. Y si lo digo en presente es que estoy convencida que mi doble, mi otra yo, sigue ahí, viviendo, y sigue ahí esperando. Esta curiosidad al principio y que luego se ha transformado en pasión me ha abierto puertas que han desarrollado mi crecimiento y mi pensamiento. Mi persona se ha modelado a unas raíces clavadas en algún rincón de la Europa entre 1940 y 1945. ...Y cada vez que veo algo sobre aquellos terribles años se me abre el corazón y el alma se queda quieta, mirando y reconociendo. A veces es una foto que entre mis manos es más que un cliché. A veces un documental que habla de este espacio que es mío, sigue siendo mío. A veces un libro en el que reconozco mi voz, mi espíritu. Y siempre estoy ahí, bajo aquel cielo tan negro, entre las ruinas de las ciudades, o en las largas colas humanas de las carreteras. Ahí estoy, entre la muchedumbre invisible y tan presente, las carretas y los últimos víveres atrapados con furia y desesperación. En los hospitales, curando a los heridos, escuchando la muerte triste de los jóvenes, ayudando a los niños que lo han perdido todo. Ahí sigo, en los brazos de los viejos esperando la muerte, en los brazos de las madres que ya no tienen hijos y en el de las viudas, y acariciando los perros abandonados y hambrientos, acariciando los gatos hediondos y heridos. Siempre llego a verme en los grandes campos donde la destrucción es una pesadilla absurda, al lado de un soldado de apenas 13 años que se ha caído de cara y donde un rayo de sol le acaricia el flequillo rubio, sí, en medio de la miseria abyecta del gueto de Varsovia. Bajo las bombas que los aliados tiraron sobre la bella Dresde, bajo las que los rusos y americanos tiraron sobre Berlín. Si, estoy ahí, mirando, llorando, consolando un soldado que se ha parado para beber agua y que me mira con mucha tristeza... Es un soldado de mediana edad, quizas más joven de lo que parece, quizas más viejo de lo que es, rodeado por compañeros en el cruce de una carretera pero está solo, más solo que un árbol en medio del desierto, y estoy con él y me pregunto lo mismo que él, o quizas él ya no se pregunta nada pero yo sí, yo sigo preguntando y no pararé de preguntarme nunca. Camino con los refugiados y tambien con los soldados, me paro junto a mujeres que acaban de violar, me paro en las bocas de los metros, contemplo el terror, la desesperación. En todas partes estoy, en las estaciones de trenes, en los barcos, en los aviones de la RAF, en los oídos que escuchaban los discursos de políticos enfermos de la cabeza, en el corazón de los mártires, en las manos de los torturadores. Mi doble está ahí, a veces luchando a veces no. Tambien mi doble ríe porque tambien la risa existía en aquel momento tan triste de la historia, tambien existía el humor y el cine y las novelas rosas. Y hubo un momento en que hubo esperanza y fuerza, porqué de lo contrario no estaríamos aquí ni tú ni yo, Laika. Hubieron instantes de gran amor, de gran pasión, de gran esperanza. Hubieron cambios. Ahí tambien estoy, tomando fuerzas. Con las mujeres, en las fabricas de bombas, con ellas conduciendo autobuses y aviones, preparando la comida, luchando el día a día. Llevando entre sus manos hospitales, ambulancias, aparatos de fotos que siguen enseñándonos la realidad, fusiles. Organizando, escribiendo, creando. Ahí están, más fuertes que el roble, valientes y valerosas. Con pantalones o con faldas, con uniforme o sin, se levantan cada día y siento el corazón dentro de sus pechos, la sangre correr bajo sus pieles. No paran. Son hormigas sabias. Son hormigas inteligentes. Me gustan, oh, como me gusta verlas. En medio de la destrucción ahí están, y yo con ellas. Aprendiendo y liberándose de los viejos mundos y de las viejas ideas. Supervivientes incansables. Bellas amazonas. No, no todo pasa, Laika. Mi doble sigue ahí, vigilando. No olvides, me dice bajito. No olvides... Aquí estoy. 27/08/2004 00:46 Enlace permanente. Hay 4 comentarios. 28/08/2004Mi amigo el otoño Ya he sentido el otoño, Laika, en la suave brisa de esta mañana. Ah, otoño, mi otoño querido... mi amado otoño que cada año llega con sus olores y sus bellos colores. Otoño, como todos los que he vivido con gran pasión.Años antes de que nacieras, mi querida Laika, muchos años antes de que fueras una estela en el firmamento, yo he vivido otoños en otro país, otoños rojos y ocres, otoños que me aturdían la mente y mi corazón latía suave, suave... Si, Laika, el otoño es mi estación preferida. Es la época del año que más me gusta, y mi alma, la oigo, suspira de placer. Ahí, en aquel país tan grande y tan frío donde estuve viviendo tantos años, el otoño era corto pero intenso. Llegaba con un olor, el olor fuerte del viento del Norte, y este viento que tenia mucha personalidad y fuerza me acariciaba la cabeza, el pelo, la mente, las mejillas. Sobre mi bicicleta Gertrude yo bailaba con él. Era como hacer el amor con un soplo de energía. Aaaaah, el otoño. Que sople el otoño sobre mi cuerpo y mi espíritu, que sople y me golpee con toda su fuerza y su intensidad. Que llegue, que llegue... Y que maravilloso espectáculo de luces y tonos nos ofrece el otoño. Los arboles parecen, de pronto, llamas y la tierra una piel de viejo toro. Todo arde como desde dentro, como si sangre brotase con arte desde el fondo de la tierra. Rojo, rojo y amarillo y verde y ocre salmón y marrón y carmín... manantial de luz y de materia viva. Yo iba y venia en medio de los otoños del gran Canadá que eran cortos y que lentamente, con sabiduría, nos preparaban al duro invierno blanco. Recuerdo el ultimo otoño que pasó como una constelación, dejándome en un baño de alegría. Era mi ultimo otoño en Quebec y yo lo sabia y hasta el otoño, mi gran amigo, tambien lo sabia. A cada esquina de mi pueblo amado el otoño me esperaba sonriendo, aquí un árbol que de repente me saludaba con sus ramas espesas, bailarinas y coloreadas de múltiples tonos bermejos, allá pájaros y aves volando felices en medio del viento y yo, en compañía de Firgoff mi perro canadiense, lo veía todo como por primera vez, y mi corazón no paraba de sorprenderse. De repente aparecían trozos de campo que súbitamente se habían vestido de rojo violeta y turquesa, y era como entrar en una fiesta luminosa. Hasta las calles de Montreal parecían más límpidas y limpias. Y la gente ya se vestía con tejidos más tiernos y cálidos. Aquel ultimo otoño amado me permitió centrarme en mi misma. A ratos, sin saber porqué, me miraba en el espejo. Mis ojos brillaban de todo el paisaje exterior que me saludaba por ultima vez. Por la noche con Firgoff me despedía de los arboles de mi barrio querido, dónde fui tan feliz gracias en parte a ellos. Cuantos abracé con ternura y con una tristeza muy otoñal, muy sabia y viva. Gracias, gracias les decia bajo un cielo que siempre estaba habitado por muchas estrellas. Y el otoño, yo lo sé, sonreía. Que llegue el otoño y yo estaré aquí, con Laika, esperando. Que llegué ya, mi amado amigo el otoño. 28/08/2004 15:52 Enlace permanente. Hay 3 comentarios. 29/08/2004Melanie o el lado oscuro del otoño Tout ce qui se dit d´une forêt est vrai, ou le devient.Colette, En Pays connu Oro y sangre en el aire es el otoño. Laika, escucha la voz del otoño... Hay muchas historias de otoño, extrañas y misteriosas, historias tristes... y te voy a contar un cuento triste de otoño. Es un cuento que nunca he contado a nadie. Empieza en verano con una niña que se llamaba Melanie. Era una niña muy bonita, como las que te gustan a ti, como las que contigo juegan a tirarte de las orejas. A Melanie tambien le gustaba jugar con los perros, sobre todo con Firgoff, mi bello labrador retriever, negro como el bosque era mi buen perro manso. Firgoff le acariciaba las manos, que tenia todas regordetas, y esto hacia reír a Melanie. Cuando Melanie ríe es el sol que se despierta, así es la risa de una niña de apenas 6 años. Así la recuerdo. Riendo y suspirando de alegría. Pero los veranos son cortos, a veces apenas hay veranos en aquel país que fue mío durante una larga época de mi vida. Y entonces llega el otoño, con su olor a viento del Norte y su sabor a hojas mojadas. Llega el otoño con sus cortas tardes grises, su tierra mojada, sus arboles de colores múltiples. Y es que el otoño tiene un murmuro muy intenso pero muy pocos saben oírlo. De nada sirve chillar en otoño, nadie oye nada. Las puertas se cierran, las ventanas son bocas oscuras... Todo va preparándose para el invierno, el duro blanco invierno que pronto llegará con su hielo y su dureza transparente. El otoño es tierra húmeda y un día encontraron sobre ella el cuerpo de Melanie, en el bosque no muy lejos de casa. Las pequeñas y delicadas piernas de Melanie sobre la piel de la tierra. Un hombre la había raptado y luego la había abandonado en el bosque, atada a un árbol. Aquel hombre, que apenas tenia 20 años, era un ogro, el ogro del otoño, el que espanta a las niñas, a las sombras, al que los perros ladran cuando lo ven. Y Melanie no pudo salvarse del bosque dónde esperaba el ogro. Melanie en medio de un bosque oro y rojo. Nadie oye sus gritos, ni su llanto, ni sus suplicas. El otoño apaga la luz de los corazones, eso decían las gentes de por allá. Luego, caminando con Firgoff en las duras noches de otoño, yo oía la voz de Melanie. En el borde del canal, cerca del bosque, me paraba. Firgoff miraba a lo lejos. El tambien la oía. Un llanto triste, sí, muy muy triste... Y nos preguntábamos los dos, inquietos ¿dónde está Melanie? ¿Acabó durmiéndose sobre la tierra aún caliente, tan amarilla y suave? Dinos que sí, Melanie... Dinos que si, que vino un delfín dorado que te llevó sobre su espalda fuerte y sabia y que viste ranas y grillos y alas de pájaro, alas de estrella. Como ves, Laika, este cuento de otoño es muy triste. A veces el otoño es así y no se le puede hacer nada. 29/08/2004 10:15 Enlace permanente. Hay 5 comentarios. |
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